COLUMNA

Regularización, ¿y ahora qué?

Con el enésimo proceso de regularización ya finalizado, deberíamos reflexionar con serenidad sobre las acciones en política inmigratoria a desarrollar en estos próximos años. Si no conseguimos crear un sistema permanente de regulación de flujos migratorios, dentro de dos o tres años será precisa una nueva regularización. Y no debemos olvidar que cada procedimiento extraordinario es la constatación fehaciente del fracaso de nuestras no-políticas migratorias.

Repasemos algunos datos, para ser conscientes de la intensidad del fenómeno en España. En 1997 los extranjeros no llegaban al 1,5% de la población total, que rondaba por aquel entonces los 40 millones de personas, cifra que se creía imposible de superar, dada nuestra baja natalidad. Pero contra todo pronóstico, experimentamos un prolongado ciclo de crecimiento económico que arrancó en 1995 y que aún permanece en nuestros días, con un resultado laboral de más de tres millones de nuevos puestos de trabajo y casi cuatro millones de nuevas afiliaciones a la Seguridad Social. La España de 2005 no se parece en mucho a aquella de 1995, todavía castigada por la crisis económica que hizo que en 1993 el desempleo rozara el 25% de la población activa. En cifras redondas, vivimos en nuestro país en la actualidad unos 44 millones de personas, de las que cuatro son extranjeras, esto es un 8% del total. Y con toda seguridad, guste o no, nuestra población inmigrante seguirá aumentando, de forma proporcional a nuestro crecimiento económico.

Este fortísimo incremento de ciudadanos extranjeros se ha producido de una forma espontánea, muy alejada de cualquier proceso de planificación. De hecho, nuestra absurda sucesión de inverosímiles leyes de extranjería pretendía impedir su entrada, manteniendo una esquizofrénica dualidad. A pesar de que los necesitábamos, les impedíamos la entrada legal. Durante años ha sido prácticamente imposible entrar legalmente en nuestro país. Pero como no podía ser de otra manera, la realidad siempre se termina imponiendo: los inmigrantes que hemos requerido han ido llegando irregularmente, sabedores de que periódicamente se produciría una regularización. Acabamos de finalizar una de ellas, y como siempre ocurre, los responsables de la materia aseguran que nunca se volverá a usar el mecanismo excepcional.

Crecimiento económico significa más población inmigrante; no existirá lo uno sin lo otro

Probablemente se equivoquen, tal y como ocurrió en todas las ocasiones anteriores. Hagamos unos números simples. Si se cumplen las previsiones del propio Gobierno de un crecimiento del PIB del 2,8% en este año, y un 3% en el próximo, se crearán casi 400.000 empleos al año. Si sumamos, ascenderán a unos 600.000 empleos netos para el medio ejercicio que resta y el próximo, de los que algo más de la mitad serán cubiertos por nacionales. Esto es, nos harían falta unos 250.000 inmigrantes más. Pues ya sabemos. En lo que queda de año y durante 2006 se tendrán que habilitar esos nuevos permisos de trabajo. La experiencia nos dicta que todos los Gobiernos, una vez finalizado el periodo de regularización, se relajan, creyendo que el mercado laboral va a descansar. Pues no lo hará.

¿Qué vías contempla el actual Reglamento de Extranjería? Pues casi ninguna para los que ya están aquí, dado que se les exigirá acreditar dos o tres años de permanencia y trabajo para poder tramitar su legalización por la vía del arraigo laboral o social. Si los tuviesen, ya se habrían legalizado. En verdad sólo podrán venir por el régimen general o por los contingentes mediante la contratación en origen. Pero ambos sistemas son muy lentos, y nuestros consulados están muy mal dotados. Probablemente, nuestra maquinaria administrativa no tenga capacidad para poder dar esos cientos de miles de permisos de trabajo. ¿Qué pasará entonces? Pues que seguirán entrando irregularmente, a la espera de una futura regularización.

No podemos resignarnos. Es preciso que una ley de regulación de la migración sustituya a la actual Ley de Extranjería. Dado que existe una relación directa entre crecimiento económico e inmigración, en el mismo acto que se aprueba cada año el cuadro macroeconómico se deberían acordar los mecanismos para dar entrada legal a los inmigrantes que fueran precisos, y que se pueden calcular de forma aproximada. Pero antes, alguien debería decirnos que crecimiento económico significa más población inmigrante. No existirá lo uno sin lo otro, y nosotros, todavía, sin saberlo.