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Columna
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El solar de Prado del Rey

Estaba en el programa electoral y hubo nombramiento del comité de sabios con el encargo de redactar una propuesta sobre el futuro de los medios de comunicación públicos de ámbito nacional, es decir, RTVE y la agencia Efe. Al hacerse pública la nómina de sus integrantes saltaron las primeras críticas porque algunos, como enseguida se supo, no eran teleadictos, hasta el punto de carecer de receptor casero. Se subsanó ese déficit y empezaron los trabajos. La recolección de datos procedentes de otros sistemas de televisión públicos y de otras agencias estatales de información.

Se hicieron viajes de observación. Se mantuvieron encuentros con responsables y directivos de diferente procedencia. Se celebraron reuniones de trabajo en la sede de la Biblioteca Nacional, todavía en el Paseo de Recoletos de Madrid. Se produjeron las consabidas filtraciones anticipatorias y, por fin, cumplido el plazo establecido, se dio a conocer con toda solemnidad el informe y la propuesta, acompañada del voto particular, verdadera enmienda a la totalidad suscrita por Fernando González Urbaneja, miembro del panel y presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid.

A partir de ese momento, nada de lluvia fina, sino el diluvio de la crítica y la invalidación de los proponentes presentados como sujetos de estricta obediencia a Polanco. El informe ha sido descalificado como mera continuidad de lo existente. La consigna ha sido presentarlo como más de lo mismo. Pero conviene acercarse con algún detenimiento para observar las diferencias. En el plano económico la propuesta consiste en poner el contador a cero. Que los Presupuestos Generales del Estado se hagan cargo de la deuda acumulada que se acerca al billón y medio de las antiguas pesetas (9.000 millones de euros para entendernos).

Los 'sabios' han acreditado suma prudencia en el capítulo laboral de RTVE para no concitar iras

Luego los sabios propugnan una reducción del espacio que ocupa la publicidad en las emisiones de TVE hasta niveles claramente inferiores a los establecidos para las televisiones comerciales, con determinación de límites estrictos respecto a sus modalidades y formas de emisión y fijan el compromiso de vetar nuevos endeudamientos en el futuro.

Han logrado poner un huevo de pie. Apuntarse a la ortodoxia del equilibrio presupuestario conforme a la doctrina del añorado ministro Montoro, al que tanto debemos.

Otra cosa es cómo sean posibles esos objetivos saludables sin hacer alusión a la plantilla, educada en la perennidad funcionarial, en el tu es sacerdos in aeternum sacramental de la imposición de manos, sobre cuya dimensión nada se dice.

Reconozcamos que en este capítulo los sabios además han acreditado suma prudencia para no concitar las iras de quienes fueron logrando sumarse a una nómina tan segura e inamovible en tiempos de creciente incertidumbre y precariedad laboral.

Se trata de aplicar 'un modelo financiero mixto (recursos públicos, publicidad reducida de forma gradual y mejora del patrocinio y de la venta de productos), a fin de normalizar el respaldo del Estado con el límite máximo del 50% de los Presupuestos que se fijen en los futuros contratos-programa'. Sin que se descarte el recurso por parte del Gobierno a la fijación de un canon.

Da la impresión de que resta mucho trabajo hasta mejorar la definición del servicio público de RTVE, que es donde encuentra verdadero sentido su existencia. Pero esa tarea parece haber quedado para mejor ocasión. Entre tanto, las autoridades del Ministerio de Economía y Hacienda comprueban cómo el toro de la deuda se les viene encima y buscan alguna salida.

Tal vez unos y otros deberían recapacitar e inspirarse en modelos ya experimentados en nuestro propio país. Véase por ejemplo la forma en que Florentino Pérez liquidó la deuda del Real Madrid mediante una sencilla recalificación de la Ciudad Deportiva, que sustentará esas cuatro torres admirables que serán el orgullo de la ciudad.

Ya se sabe que no hay mayor debilidad que la ignorancia de la propia fuerza, ni miseria mayor que la ignorancia de los propios recursos. Recalifíquese, pues, el solar de Prado del Rey, eríjanse cuantas torres sean necesarias y sáldese el déficit sin coste para el contribuyente. Ahí está también la Renfe con su proyectada operación Chamartín para demostrar el camino próspero a seguir. Veremos.

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