Política

Los excesos de Dick Grasso y sus empleados quedan al descubierto

Dick Grasso no era sólo generoso consigo mismo, también lo era con la gente que trabajaba para él. Son algunas de las conclusiones del llamado Informe Webb, en el que se detallan los entresijos de las compensaciones de Grasso, quien fue obligado a dimitir en septiembre de 2003 de la presidencia de la Bolsa de Nueva York por ello. Este informe, elaborado por el abogado Dan Webb, explica que Grasso tenía un sueldo que 'excedía los límites de lo razonable'.

Según Webb, Grasso recibió unos 97,8 millones de dólares anuales entre 1995 y 2002, un sueldo que puede estilarse en la banca de inversión, pero no puede ser tan normal en una entidad sin ánimo de lucro como es la Bolsa de Nueva York. Para Webb, Grasso recibió 150 millones de dólares indebidamente.

Siendo abultada la cifra del cheque de Grasso, la de sus dos chóferes, tampoco se queda pequeña porque frente a los 65.000 dólares que puede ganar anualmente uno muy bien retribuido en Nueva York, los conductores del ex presidente de la Bolsa cobraban al año 130.000 dólares. Su asistente personal se embolsaba 240.000 dólares.

El Informe Webb especifica que Grasso ejerció una influencia inapropiada sobre el comité de compensaciones. En cierta medida, el autor del informe libera a este comité de parte de la culpa puesto que una de las conclusiones es que había tanta rotación entre sus miembros que era difícil la continuidad en la labor de este equipo. Webb señala además que Grasso se aprovechó de las estrechas relaciones de amistad que mantenía con algunos miembros de este comité de compensaciones.

La puesta en público del muy esperado Informe Webb se ha retrasado durante meses porque la Bolsa de Nueva York, que es la institución que lo solicitó, no quiso hacerlo público. Quien si lo había leído fue el fiscal general de Nueva York, Eliot Spitzer, quien en mayo del año pasado demandó a Grasso y a Ken Langone (presidente del comité de compensaciones de la Bolsa entre 1999 y 2003, y amigo de Graso). Spitzer tuvo acceso a este informe en julio y sólo dijo que con él su acusación ganaba argumento.

El juez ante el que se sustancia el caso consideró el pasado día 25 de enero que no había motivos para que la Bolsa quisiera mantener la confidencialidad del Informe Webb y ayer hizo públicas sus 120 páginas. Uno de los que tuvo ocasión de leerlas fue el propio Grasso y sus abogados que denunciaron que la acusación estuviera poniendo al público contra él mientras ellos empezaban a leer el voluminoso veredicto de Webb.

Villano por un (buen) puñado de dólares

Dick Grasso era una de las figuras públicas más queridas en Nueva York. En una ciudad que convirtió en héroes a tantos tras el 11-S, Grasso alcanzó esta categoría por su diligente control sobre las operaciones de la Bolsa tras el ataque terrorista, algo que permitió que apenas días después del ataque la contratación continuara como si casi nada hubiera pasado.

Pero los dólares, un gran puñado de ellos, le hundieron en su estatus de héroe para convertirle en villano.

En septiembre de 2003 se hizo público que Grasso tenía derecho a cobrar 187 millones de dólares por pagos actuales y compensaciones retrasadas. Aquello no cuadró a nadie y aunque la Bolsa le apoyó al principio, la presión de fondos de pensiones como Calpers logró forzar su dimisión. Hoy está acusado por Spitzer. æpermil;l, a la desesperada, ha denunciado a la Bolsa, y su cotización sigue bajando