EDITORIAL

Señal de alarma en Alemania

Los peores pronósticos se han cumplido. Alemania alcanzó en enero los cinco millones de parados, el número más elevado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. La cifra fue divulgada ayer, pero un día antes, el propio ministro de Economía y Trabajo, Wolfgang Clement, adelantaba sin tapujos que las cifras que se iban a conocer eran 'terribles'.

En apenas un mes, el número de desempleados creció en 573.000. De ellos, cerca de 230.000 corresponden a un cambio en la estadística, que ahora incluye a quienes reciben ayuda social, pero que están en condiciones de trabajar. En total, 5.037.000 personas sin trabajo. Y la cifra asciende a 6,5 millones si se incluye al millón y medio de ciudadanos incluidos en programas de trabajos públicos. Un dato que el propio ministro alemán de Economía calificó como 'dramáticamente alto'.

El Gobierno federal confía en que a fin de año la cifra oficial de parados haya descendido a 4,5 millones. Y centra sus esperanzas en la mejora detectada en las exportaciones y en el crecimiento económico, que se espera que sea del 1,6% este año. Sin embargo, la mejora del pulso económico no se está traduciendo en generación de empleo ni está frenando el proceso creciente de deslocalización de empresas. Según la última encuesta entre los empresarios germanos, el 17% prevé trasladar actividades a otros países en los próximos tres años. Para ofrecer garantías de empleo, la patronal reclama menores costes salariales y cotizaciones al seguro de paro.

Que la primera economía de la UE tenga una tasa de paro del 12,1% supone un problema grave, ya que sin empleo es imposible que repunte la demanda interna y se consolide el crecimiento de un país que tradicionalmente ha hecho de motor europeo. Una reducción de salarios combinada con un aumento adicional del desempleo tendría consecuencias muy serias. Y esto es algo que no sólo debe preocupar a Alemania, sino también al resto de Europa.