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Invertir como Warren Buffett

Warren Buffett, el llamado oráculo de Omaha y fundador de Berkshire Hathaway, ha ganado el respeto de Wall Street por el éxito que ha obtenido su filosofía de inversión en los últimos años. Apostar por empresas atractivas por valoración y con ingresos recurrentes es una estrategia que gana adeptos en el momento de incertidumbre actual.

Los éxitos de Buffett no sólo le han valido el respeto del mundo financiero, también le han convertido en el segundo hombre más rico planeta, según la revista Forbes. Las claves de su éxito se basan en no invertir nunca en empresas que no 'entiende' y en un análisis exhaustivo que le permite detectar compañías con valor intrínseco, ingresos recurrentes, negocios dominantes y una alta rentabilidad sobre recursos propios.

En definitiva invierte en acciones como si se tratara de comprar la participación de una empresa. Una filosofía, basada en la expectativa de un rendimiento a largo plazo, que ha probado su éxito en numerosas ocasiones, revalidando una y otra vez el olfato financiero de Buffett.

El acierto de desconfiar de internet

Buffett asegura que 'el optimismo es el enemigo del comprador racional', otra receta que probó su valía tras el colapso de las Bolsas en el año 2000, un momento que trajo la ruina de muchos que apostaron a ciegas por cualquier proyecto que se apellidara .com.

Encontrar empresas que cumplan los requisitos de Buffett, implica utilizar estrategias de inversión quizá difíciles de seguir en una era como la actual, en la que los gestores se encuentran presionados para evitar aquellas filosofías de inversión basadas en el largo plazo ante la demanda de resultados inmediatos. Pese a todo la inversión en empresas de valor es una sugerencia cada vez más recomendada por gestoras como JP Morgan Fleming debido a sus ventajas. 'Hay muchas acciones que nadie compra, por eso existen acciones de valor', explica Michael Hughes, director de la cartera de clientes de la firma. Otros problemas que deben afrontar los inversores que opten por la búsqueda de este tipo de compañías es que a menudo eso implica ir en contra de la tendencia de mercado. Durante el boom de los noventa esta filosofía de inversión no probó ser fructífera, sin embargo, a largo plazo siempre resulta rentable, asegura Hughes.

Durante la euforia bursátil que vivieron los mercados hace unos años, Warren Buffett se negó a invertir en empresas que ofrecían tan sólo la promesa de un negocio millonario. La fiebre que generó Internet provocó que muchas compañías escalaran en Bolsa hasta cotas desorbitadas sin antes demostrar la viabilidad de sus proyectos. La desconfianza de Warren Buffett entonces le costó numerosas críticas aunque cuando llegó la crisis demostró el éxito de su política de inversión.

Los años de crisis que sucedieron al estallido de la burbuja tecnológica devolvieron el apetito por empresas tradicionales y hoy, tras la recuperación de los dos últimos años, la búsqueda de empresas que ofrecen valor a precios atractivos se ha convertido en una recomendación cada vez más repetida.

Transición en los mercados

En la actualidad los mercados se encuentran en una etapa de transición después de dos años de fuertes alzas, caracterizada por la ralentización del crecimiento en EE UU y la desaceleración de los beneficios empresariales. Dos factores que dificultan la selección de empresas a la hora de invertir en un entorno en el que lograr rentabilidades se dificulta y las ganancias de dos dígitos parecen cada vez más algo del pasado.

Por ello la búsqueda de valor gana adeptos. Banif, en la presentación sobre las perspectivas del mercado para 2005, aconsejaba precisamente invertir en acciones 'con un PER (relación entre el precio y el beneficio) por debajo del mercado, rentabilidades por dividendo atractivas y crecimientos de beneficios en línea con el mercado', explicó Delfina Pérez, responsable de análisis.

JPMorgan Fleming añade que invertir en esto tipo de compañías y combinarlo con la apuesta por empresas favorecidas por la coyuntura de mercado, calificadas como momentum, es la receta del éxito. 'Cada vez que hay un mal año para las empresas de valor es un buen año para las de momentum', concluye Hughes.