EDITORIAL

El alto precio del gas natural

La situación de escasez de gas natural que se está viviendo estos días, en la que la sola avería de un tubo de una estación de compresión en Argelia basta para dejar de recibir un tercio del suministro habitual del gas procedente de ese país, y poner en juego la generación de los nuevos ciclos combinados españoles, ha de llevarnos a alguna reflexión. Por un lado, el peligro, del que se ha hecho eco Gas Natural (empresa con un suministro diversificado), de la fuerte dependencia que España tiene de Argelia, cuyo cordón umbilical será aún más inflexible tras la construcción del nuevo gasoducto que promueve Medgaz. Y a esta atadura geográfica se une la que el mercado energético español tendrá de un combustible mitificado, que ofrece inconvenientes que no se deben esconder. La apuesta del Gobierno por el gas es clara y tiene relación directa con el cumplimiento del Protocolo de Kioto. El Plan Nacional de Asignación prevé un aumento de la producción con gas de 46.700 Gw en 2005 a 76.700 Gw en 2007, un recorrido inverso al del carbón.

Sin embargo, la fuerza del mercado se impone y la demanda imparable de este combustible en todo el mundo (en EE UU ha crecido a tasas superiores al 100%) marca precios al alza, ligados a los del crudo. En España, sin un mercado de ajuste y con el precio ligado a la tarifa regulada -esto es, plano- las empresas no resisten la tentación de desviar sus cargas hacia mercados como los de EE UU o Reino Unido, con precios muy superiores. Estas prácticas son criticadas desde instancias oficiales, pues ponen en juego el aprovisionamiento. Sin embargo, ajustar el valor de mercado de un combustible hoy por hoy caro supondría, por lógica, un alza importante de los precios al por mayor. Algo de lo que el Gobierno tampoco quiere oír hablar. Además, España tiene un problema de capacidad de almacenamiento para mantener cierto nivel de reservas de gas, que complica la situación y se debe solucionar en la futura planificación energética.