Opinión

Luis Valls y el Banco Popular

Luis Valls, uno de los banqueros con más experiencia del panorama internacional, anunció ayer que deja la copresidencia del Banco Popular. El autor, que ha seguido toda la trayectoria de Valls desde la colaboración profesional y desde la amistad personal, reflexiona sobre esta decisión

Al empezar la reunión del consejo de administración del Banco Popular, celebrada ayer, 19 de octubre, Luis Valls nos anunció que, al objeto de dar respuesta a todos aquellos que, con razón o sin ella, están preocupados por lo que pueda suceder en el banco cuando él se retire, había decidido renunciar al puesto de consejero y a la copresidencia del consejo, dando así paso, en tiempo oportuno, a una reestructuración de la cúpula de gobierno del Popular, resolviendo lo que algunos han venido llamando 'el problema de la sucesión'.

Los que conocemos a Luis Valls, y singularmente yo que llevo tanto tiempo disfrutando del privilegio de su amistad, no nos hemos sorprendido por tal decisión, muy propia de una persona que nunca ha pensado más que en servir a los demás, desde la discreción y la eficacia que supone un puesto en la retaguardia, que es lo que a Luis, más dado a hablar por gestos que con la palabra, siempre le ha gustado.

Estas características, más bien raras en un mundo dominado por el afán de protagonismo, son lo que, a lo largo de su vida, ha permitido a Luis asumir la última responsabilidad, dejando un amplio margen de libertad de actuación a todos aquellos que, dependiendo de él, ha sabido animar a poner por obra la opción que, ante cualquier problema, él había elegido como la adecuada. Esta es la esencia del liderazgo, cualidad que Luis Valls tiene en grado sumo.

Siempre le ha gustado la discreción y la eficacia que supone un puesto en la retaguardia

Creo poder afirmar, sin temor a equivocarme, que lo que hoy es el Popular lo debe a Luis Valls. æpermil;l en 1957, en un momento difícil para el futuro del banco, llamado desde el puesto universitario en el que desarrollaba la vocación académica heredada del que fue gran historiador, don Fernando Valls y Taberner, supo buscar el equipo que renovó la presidencia y el consejo, y que, con el aliento que él, desde la sombra, les infundió, transformó el Banco Popular, encaminándolo por la senda que le ha conducido a ser, no precisamente por su tamaño, sino por su eficiencia y rentabilidad, el mejor referente de la banca no sólo europea sino mundial.

Yo sé lo que, en el año 1972, fallecido su antecesor, me costó lograr que asumiera la presidencia del banco, ya que su deseo era continuar asentado en la discreción laboriosa, desde la que tantos aciertos ha tenido. Aceptó; pero, en el año 1989, logró volver a lo que le cuadra, implantando la copresidencia con su hermano Javier, que constituye un modelo de compenetración y eficacia, que yo no he visto en ningún otro lugar.

Luis Valls, al lado de su firmeza en la actuación, es un hombre de percepción profunda. Siempre recordaré que, en 1966, cuando asumí el puesto de consejero delegado, hablando de un banco que, por aquel entonces, disfrutaba de un gran prestigio personal e internacional, me dijo: 'Rafael, no te dejes llevar por las apariencias; este Banco está quebrado'.

Tardó algún tiempo en confirmarse la afirmación, pero, efectivamente, la quiebra se puso de manifiesto. Esta anécdota me sugiere un montón de otras que definen la manera de ser de Luis.

Sólo recordaré que más de una vez me había dicho: cuando vayas a hacer algo piensa antes cómo te resultaría que esta cosa apareciera publicada en la primera página de la prensa. Esta advertencia, apoyada en la prudencia, otra virtud connatural de Luis, no empece que el norte de su actuación no sea 'el qué dirán' sino 'lo que debe ser', que es lo que, sin demasiada afición por los códigos de buena conducta, ha inculcado en sus colaboradores hasta convertirlo en el estilo del banco. Estilo que, al margen de estar recopilado en un Libro de estilo, trasluce en el Repertorio de Temas, hechura típica de Luis Valls, en el que se publica todo lo malo acaecido durante el año, partiendo de la idea que el mejor antídoto contra el falso rumor es contar la verdad.

Lo sucedido en el consejo de administración del Popular, en el día de ayer, pone de relieve la generosidad de Luis Valls que, al renunciar voluntariamente a su puesto en el consejo y en la copresidencia, permite nombrar copresidente a un excelente profesional de 42 años, índice de la experimentada juventud de que goza el banco, y garantía de su futuro.

El consejo, por su parte, al agradecer a Luis todos los servicios que ha prestado al Popular, apoyándose en lo dispuesto en sus estatutos, ha querido que permaneciera como Presidente de la Junta General de Accionistas, cargo distinto del Presidente del Consejo de Administración. Una medida que, muy de acuerdo con su manera de ser, permitirá que Luis 'sin estar siga estando', entre nosotros.