Lealtad, 1

Lo principal y lo accesorio

En una de tantas encuestas telefónicas a las que un propietario de línea de teléfono fija debe contestar de vez en cuando, una de las preguntas consistía en: '¿Utiliza el teléfono móvil para realizar y recibir llamadas? ¿Hasta qué punto le parece interesante esta opción?'.

La citada encuesta estaba diseñada, obviamente, para calibrar el grado de conocimiento de los usuarios de telefonía móvil acerca de esos servicios multimedia que las compañías gastan millonadas en publicitar. Y ocurre que, en el empeño por valorar qué función es la que goza de una mayor demanda potencial, los encuestadores se olvidan de la función principal de un teléfono que es, como la palabra indica, enviar palabras y sonidos a través de la distancia.

Perderse en lo accesorio no es, en todo caso, un pecado circunscrito a los encuestadores de telefonía móvil. En un mundo donde la información equivale a dinero, la tendencia hacia la confusión derivada del exceso de datos parece cada día más sangrante. Y la Bolsa es un buen ejemplo. Saber con certeza qué futuro espera a los mercados es dinero. En consecuencia, se buscan de forma extensiva teorías, patrones de conducta o argumentarios. Y, paradójicamente, el empeño por cubrir las necesidades de información termina desinformando.

Al igual que el encuestador que pierde la noción de para qué sirve el producto, los inversores se olvidan muy a menudo de para qué sirve la Bolsa. A ellos, a los ahorradores, les vale para sacar a los euros una rentabilidad extra sobre la que obtendrían simplemente de un producto de renta fija. A cambio, han de asumir un poco más de riesgo. Pero los estudios históricos sobre el comportamiento de los mercados rara vez arroja rendimientos reales superiores al 8%.

El mercado actual ha mamado, no obstante, de la época de la burbuja, en la que la Bolsa subía más del 30% anual. Con lo que comportamientos del mercado como el registrado este 2004 parecen intrascendentes. Pero es sólo un poco menos de la rentabilidad media histórica. Y, de hecho, el nivel actual de Ibex es coherente con la evolución que se derivaría de dicha media. Pero estos detalles se escapan en la vorágine diaria que, entre soportes y resistencias, advertencias de beneficios y previsiones macro, termina por ofuscar al inversor.