Carrera hacia la Casa Blanca

Promesas para una reforma fiscal

George Bush prometió en la Convención Republicana hacer la ley tributaria 'más simple, más justa y enfocada al crecimiento'. Lo dice desde que fue gobernador de Texas, pero hasta ahora no siempre ha trasladado sus palabras a hechos. Por lo que se refiere a hacer la ley más simple, los dos recortes fiscales para acabar con la crisis, en 2001 y 2003, han añadido 10.000 páginas a un compendio tributario ya muy complicado. Bush redujo algo los impuestos a la renta a la clase media y más a los más afortunados que vieron eliminada, entre otras cosas, la fiscalidad sobre dividendos. Además, aprobó rebajas para incentivar la inversión de las empresas, algo que costará a las arcas del Estado 1,7 billones de dólares en una década.

Con estos recortes llegaron más excepciones y agujeros, lo que ha incidido en la justicia de la tributación. Citizens for Tax Justice dicen que con ellos se ha permitido que las mayores y más rentables compañías hayan pagado menos impuestos en los últimos tres años pese a tener beneficios. Además, según la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO), estas rebajas han sido más beneficiosas para la minoría más rica que ha visto caer su cuenta con Hacienda un 20% mientras que para la clase media se ha reducido un 9,3%.

Todo ello es bueno para la economía según los teóricos del supply side, quienes creen que la rebaja de impuestos estimula el crecimiento lo que a la postre compensa la falta de ingresos. Además los republicanos creen que hay que aliviar la carga fiscal de los más ricos, que son los que crean empleo. Bush quiere hacer indefinidos los recortes de 2001 y 2003 que van venciendo en un plazo de 10 años. Esta promesa preocupa a quienes temen por las cuentas del Estado. Un estudio de la CBO concluye que de cumplirse el déficit crecerá 1,3 billones de dólares en la próxima década (3,6 billones en total).

El presidente quiere que una comisión revise la ley tributaria. Los consejeros de Bush abogan por una imposición cero del capital, lo que se consolidaría andando el camino de las actuales rebajas fiscales al reducir cada vez más la tributación del ahorro y la inversión para centrarla en el consumo. Su proyecto de la 'sociedad de los propietarios', que habla de exenciones fiscales al ahorro para pensiones y seguro sanitario, va en esa dirección y Bush ha confirmado que un impuesto nacional al consumo 'es una idea interesante'. Su partido tiene una propuesta para instaurar el impuesto de ventas (del 23%) y eliminar otras tasas al capital. Del mecanismo 'pay as you go', que impide un recorte fiscal sin otros ingresos o recortes de gasto que los compensen, ni se habla. Es una vía explosiva ideológicamente, gravosa para las clases media y baja y que, por ejemplo, supera las peticiones del conservador grupo Cato, que demanda una reducción de impuestos para las empresas del actual 35% al 20%.

Los proyectos que dejan traslucir las promesas de Bush son una tarea hercúlea y drástica. En la primera legislatura, el Tesoro examinó las alternativas para concluir que 'los beneficios económicos de una reforma fiscal son inciertos'.

John Kerry quiere que los ricos paguen más

El partido demócrata publicó el 23 de septiembre un documento de 25 páginas atacando el planteamiento republicano de eliminar el impuesto de la renta y sustituirlo por uno nacional al consumo (del 23%). La propuesta del líder republicano en el Congreso, Tom DeLay, ha dado a los demócratas nuevos argumentos para la campaña, ya que incluso muchos de los defensores de este cambio reconocen que es regresivo. Hasta ahora, el candidato a presidente por el partido demócrata, John Kerry, se centra sobre todo en vender un plan maestro que empieza con una pequeña reducción de los impuestos a las empresas estadounidenses. æpermil;stas verán sin embargo más gravados los beneficios de sus filiales en el extranjero, que hasta ahora no se fiscalizan hasta que son repatriados. Kerry dice, además, que incrementará los impuestos a las clases altas (con ingresos de más de 200.000 dólares al año), que fueron bajados por el presidente Bush, pero mantendrá los que beneficien a la clase media. Para avalar en parte su promesa, su partido acaba de apoyar una extensión de éstos por valor de 145.000 millones de dólares, el problema es que éste coste no se compensa con recortes en gastos o cierres de paraísos fiscales como habían pretendido inicialmente para evitar su coste a las arcas del Tío Sam. Kerry también quiere restaurar la fiscalidad de los dividendos. El partido republicano afirma que estos planes costarán 1,5 billones de dólares a la Hacienda Federal. Los demócratas se defienden atacando la credibilidad de las promesas de Bush de simplificar la ley tributaria, liberarla de parches, y reducir el déficit fiscal a la mitad en cinco años haciendo permanente sus recortes fiscales.