Crisis de los astilleros públicos

'Mi hija de 11 años me pregunta qué va a pasar conmigo'

A José Luis Rodríguez, instalador naval de 40 años en la factoría de Izar Sevilla, se le nublan los ojos cuando se le pregunta sobre cómo ve su hija de 11 años el conflicto de los astilleros que se ha desatado en los últimos meses. 'Al principio me pedía que le llevara alguna pelota de goma de las que nos dispara la policía', explica con una medio sonrisa. 'Luego, como ve lo que ocurre en la televisión, me pregunta que qué va a pasar conmigo'. Y José Luis calla, porque no tiene respuesta.

Como tampoco la tienen los otros 360 empleados de la factoría sevillana. El viernes estallaron y cortaron con barricadas durante cuatro horas la carretera que lleva hasta el astillero. 'Han sido sobre todo los más jóvenes, tanto empleados de Izar como de las empresas auxiliares. Todos estamos muy nerviosos por la indefinición y la tardanza en llegar a una solución y es inevitable que haya estallidos de violencia como el de esta mañana por el viernes'.

José Luis, sevillano, lleva 17 años trabajando en Izar, toda su vida laboral. Su padre, ya fallecido, trabajó también 30 años en el grupo público, primero en Puerto Real y luego en Sevilla, hasta que salió con la reconversión del año 1983. 'Una de tantas', explicaba ayer su hijo. 'Aquí, desde que yo entré, siempre ha habido bronca, aunque esta vez tenemos algo de esperanza, por lo menos algo más que en 1995, cuando nos dieron nuestra carta de despido y sí que lo vimos todo negro'.

De todas formas, José Luis afirma que, al menos de palabra, tienen el apoyo de la Junta y el Ayuntamiento de la ciudad y confía en una solución. 'Eso sí', afirma tajante, 'la entrada mayoritaria de capital privado supondrá el cierre de Izar Sevilla seguro'.

Manuel Adrián, 54 años, asiente al oír esta afirmación de su compañero de trabajo. Manuel lleva cuarenta años en Izar Sevilla, 30 como instalador naval y los últimos 10 como representante de UGT en el comité de empresa. Asumiendo el papel de los compañeros que pueden acabar prejubilados, este sindicalista de piel curtida afirma que lo que les importa a los mayores es que el astillero no cierre.

'Haya o no acuerdo el astillero debe seguir funcionando y debe de seguir controlado desde lo público'. Manuel, cuyo padre también trabajó en Izar Sevilla desde la fundación del astillero, en 1953, hasta 1984, está convencido de que la entrada de capital privado supondrá el cierre a medio o largo plazo. 'Y yo no me puedo ir jubilado tan tranquilamente viendo a los compañeros jóvenes sin salida'. Más allá de lo personal Manuel tuerce el gesto cuando recuerda que Izar no lo componen sólo las 360 personas de la plantilla ' y sus correspondientes familias, sino también los 1.200 compañeros de la industria auxiliar'.

'Antes', explica Manuel, 'era normal que los empleados de astilleros tuvieran a sus hijos trabajaran allí. Eso nos pasó a José Luis y a mí'. Más tarde, hace unos años, la salida pasaba más bien por que se pudieran colocar en las empresas auxiliares, explica. Ahora, según Manuel y José Luis, nadie quiere ver a su hijo trabajando en la construcción naval.