Crisis de los astilleros públicos

Los trabajadores de los astilleros, condenados a cobrar sin trabajar

No han visto la película Los lunes al sol, dirigida por Fernando León de Aranoa y protagonizada, entre otros, por Javier Bardem. Pero cuando se les cuentan el guión (las vivencias de tres trabajadores en paro como consecuencia del cierre de un astillero en la Ría de Vigo) se la imaginan, casi como si la hubieran visionado. Es más. Consideran que ellos podrían ser los actores principales si algún día se filma la segunda parte.

Kepa Muruaga, Pedro Herrero y Francisco Javier Leguina, pertenecen a la plantilla del astillero público La Naval de Sestao (Vizcaya) que cuenta con 1.172 empleados. La totalidad de su vida laboral se ha desarrollado en la compañía de construcción naval.

Entraron casi de niños, con poco más de 15 años, de aprendices y pueden salir ahora de la nómina de Izar si se ponen en marcha los planes de SEPI, que auguran un negro horizonte para la factoría vizcaína. Esta última posibilidad ni se la plantean y defienden con firmeza la viabilidad y el futuro de La Naval.

Aseguran que es una 'vergüenza' cobrar sin trabajar y reclaman carga de trabajo para el astillero

Defienden la viabilidad del astillero donde entraron cuando apenas superaban los quince años

Son las 7,30 horas de la mañana y el día comienza a despuntar. Los tres se acercan a la puerta de la factoría. Hay tiempo, no hay trabajo. Dos de ellos acuden con sus buzos y el casco, todavía con el anagrama de Astilleros Españoles (AESA), el grupo público civil de construcción naval que junto con Bazán, la división militar, dio lugar a Izar a principios de 2000. Entonces las expectativas eran muchas y los resultados se han demostrado escasos.

Un helicóptero de la Ertzaintza sobrevuela sus instalaciones ante la previsión de que a lo largo de la jornada se puedan producir incidentes (cortes de carreteras, de vías férreas, etc.) tal y como ha ocurrido estos últimos días con un balance que se ha saldado con varios heridos. 'Es triste pero lo único que nos queda para defender nuestro puesto de trabajo es la movilización'.

En teoría, su horario es de seis de la mañana a dos de la tarde, pero desde hace casi dos años bien podría ser su tiempo de paseo, de lectura, de descanso o el dedicado a practicar su afición favorita. 'Es una vergüenza, cobramos sin trabajar y encima dicen que la empresa pierde menos dinero. Lo que nos hace falta son pedidos y relanzar la actividad', sentencian casi al unísono.

Kepa Muruaga, 54 años, técnico de organización de primera. Su única hija trabaja ocasionalmente. Si se aplican los mismos criterios que en el último plan de ajuste en los astilleros públicos, que data de 1996, Muruaga podría entrar en el programa de prejubilaciones. Entonces salieron de la empresa los mayores de 52 años. 'Con la edad que tengo todavía no me han dicho nada sobre el tema'. Tampoco se lo quiere imaginar.

Dice que su sensación es que le van a echar de una casa donde ha pasado la mayoría de su vida. Asegura que su situación, con el ajuste que se prevé y si se mantiene la palabra de José Luis Rodríguez Zapatero de 'no abandonar a su suerte a ningún trabajador de Izar', no es 'grave'. Pero manifiesta que muchas familias 'tendrán problemas serios'.

Firme en sus convicciones, recalca que es absurdo lo que está planteando la SEPI y tiene en mente a sus compañeros de la industria auxiliar. 'Muchos ya están en la calle o en regulación. De los cerca de 150 talleres que trabajan para nosotros, 80 están cerrados o semicerrados', sentencia Muruaga.

En un ejercicio de ciencia ficción afirma que el día después, ese que llegará más pronto que tarde, y tenga que abandonar el astillero, 'no se aburrirá. 'No me podré olvidar de todos estos años en La Naval y de lo que dejaré. Estaré siempre con la plantilla para echarles un capote y ayudar en lo que pueda para que la construcción naval en Sestao permanezca', señala con rotundidad.

Pedro Herrero, lleva en su casco el anagrama de AESA. Y, tiene historia. Con 52 años y tres hijos, empezó a los 15 años en la industria auxiliar para pasar a formar parte del grupo público en 1985, gracias a una sentencia que obligó, en pleno proceso de reconversión del naval, a hacer fijos a los trabajadores de varias subcontratas. Su puesto en La Naval es de soldador, pero hace dos años que no ha realizado ni un solo punto de soldadura. Para qué, si no hay trabajo.

Dos de sus hijos, un químico y un ingeniero, tienen encaminada su vida laboral. La hija pequeña ha empezado a estudiar ingeniería. Su sueldo neto mensual supera ligeramente los 1.350 euros y tiene 16 pagas. Hace casi 20 años asistió en primera persona al cierre de Euskalduna. Ahora puede ocurrir lo mismo. 'No ha dado la SEPI ninguna solución y esto no arranca. Creo que tengo un pie dentro y otro fuera'.

Crítico con la situación se enfada cuando su grupo de amigos, con los que alterna diariamente, le dicen que no se preocupe, que es un trabajador privilegiado porque está en un grupo público. Ya le arreglarán la jubilación. 'Yo quiero trabajar y que se cree empleo para nuestros hijos. Nos están engañando como a chinos'.

Herrero, fajado por los procesos de reconversión vividos, alerta sobre posibles operaciones inmobiliarias especulativas si el astillero se cierra . 'Luego vendrán todos los ricos a atracar sus yates en el puerto deportivo'.

Al igual que Muruaga tiene que hacer un esfuerzo para planificar su particular Lunes al sol. Cuando salga del astillero se dedicará a ir al monte y a mejorar su colección de insignias de fútbol, de las que atesora ya más de 12.000, de las cuales 6.500 son de equipos españoles. Esta última actividad le ha ocupado su tiempo estos dos últimos años en La Naval , ante la imposibilidad de marcar puntos de soldadura en los barcos.

Francisco Javier Leguina es el que teóricamente tiene el futuro más incierto. Con 47 años y dos hijos de 21 y 18 años, ambos estudiando ingeniería, está en la edad más complicada. No podría acceder a las prejubilaciones que se están rumoreando y su economía familiar depende de La Naval. Leguina, como Herrero, es soldador y entró en Euskalduna con 15 años en la escuela de aprendices, el camino que encontró para formarse y entrar en plantilla. Está preocupado por su familia, pero se resiste a transmitirles sus sentimientos. Alguno de sus compañeros ya lo ha hecho con resultados diversos. Apuesta por un astillero público y está dispuesto a luchar 'a muerte' para defender su puesto. 'Si tenemos que salir todos los días a la calle, saldremos'.

Leguina se enciende cuando mira hacia el muelle. Hace poco más de tres años, Izar invirtió seis millones de euros en una nueva grúa para afrontar la construcción de dos buques gaseros. Engalanada con una pancarta alusiva a la situación que atraviesa el astillero, lleva mucho tiempo parada 'y, al final, se pudrirá'.

La conversación con los tres trabajadores de La Naval finaliza. Hay que entrar de nuevo al astillero. En hora y media comenzará una nueva asamblea para organizar el calendario de movilizaciones y las protestas.

Zapatero pide tranquilidad a los sindicatos

El Gobierno hizo el viernes un llamamiento de calma y tranquilidad a los trabajadores y sindicatos de Izar 'para que no provoquen incidentes que puedan tener consecuencias', pidió el presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. Al tiempo, 200 trabajadores cortaban el tráfico en Gijón con barricadas en llamas (ver fotografía) y 20 empleados y tres policías resultaban heridos en Sevilla. En San Fernando (Cádiz) las protestas congregaron a 20.000 manifestantes.

Pedro Herrero

'La SEPI no ha dado ninguna solución al problema de los astilleros civiles. Ahora mismo, con 52 años, creo que tengo un pie más fuera que dentro. Yo lo que quiero es trabajar y me da la impresión de que nos están engañando como a chinos'

Kepa Muruaga

'Visto el panorama y con 54 años puedo decir que mi situación no es grave pero hay familias que tendrán problemas. Me acuerdo de los compañeros de la industria auxiliar. De los 150 talleres que trabajaban para nosotros cerca de 80 han cerrado o semicerrado'

Francisco J. Leguina

'Estoy preocupado por mi familia pero me resisto a transmitirles mis sentimientos. Algunos lo han hecho con resultado diverso. Si tenemos que salir a la calle todos los días para defender nuestro puesto de trabajo lo haremos, es la única solución'