EDITORIAL

La inflación subyace

El alivio nominal del índice de precios de consumo (IPC), con un retroceso de la tasa de avance en los últimos doce meses hasta el 3,3% en agosto, no debe ocultar el empeoramiento estructural de la inflación. Desde marzo, la inflación subyacente, el auténtico núcleo duro de los precios, el que excluye la volatilidad de los alimentos frescos y la energía, ha subido desde el 2,2% hasta el 2,9% en tasa interanual. El escaparate de los carburantes y los alimentos debe dejar ver que los precios de los servicios han subido un 3,7% en doce meses; que el índice general está en el 3% si se excluye la energía, y en el 3,1% si se deja fuera la alimentación no elaborada.

Los precios no paran, y se mantienen en tasas muy alejadas del objetivo del 2% que el BCE considera estabilidad, con el consiguiente aumento paulatino del diferencial frente a los países centrales de la zona euro, y la subsiguiente lesión de la competitividad española. Los mercados de servicios, y acaso también los de factores productivos, siguen precisando nuevos pasos de liberalización para no perder pulso competitivo.