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Joaquín Almunia Amman

'La reforma fortalece el Pacto de Estabilidad; no lo debilita'

El responsable de la reforma del Pacto de Estabilidad defiende su racionalidad económica, e insiste en que los Gobiernos deben aprovechar los periodos alcistas del ciclo para controlar los excesos que provocan los críticos. Afirma que el euro ha proporcionado estabilidad y ha protegido a los infractores de la ira del mercado, aunque 'hemos crecido menos'.

En sólo cuatro meses en el cargo, el discurso del actual comisario europeo de Asuntos Económicos se ha impregnado ya de la jerga comunitaria, aunque el animal político que Joaquín Almunia (Bilbao, 1948) lleva dentro continúa rugiendo de vez en cuando por encima de los tecnicismos. Sobre todo, cuando exige a los gobiernos de la UE 'coraje' y 'liderazgo político' para convencer a la opinión pública de la necesidad de reformar la economía europea para garantizar la sostenibilidad del modelo social del viejo continente. Recibe a Cinco Días en su despacho de Bruselas, donde el espectro del Pacto de Estabilidad que persiguió a su antecesor, Pedro Solbes, amenaza con marcar también el mandato de Almunia.

Pregunta. Usted recogió el Pacto de Estabilidad en estado de hibernación e intenta devolverlo a la vida con la reforma que propuso la semana pasada. ¿Cree que lo logrará?

Respuesta. Desde el primer día en que me senté en este despacho he estado aplicando el Pacto. El Pacto ha estado siempre plenamente vigente. Se ha aplicado a país fundadores, como Holanda, a otros que entraron casi al mismo tiempo que España, como Grecia, y a varios de los que entraron el pasado 1 de mayo. Pero es cierto que hasta la reciente sentencia sobre su aplicación, había algunas incertidumbres, que ha aclarado el Tribunal de Justicia europea. Y había también ideas para revisar la aplicación. Ideas que tratan de reforzar la validez y la eficacia del Pacto a partir de dos elementos. En primer lugar, ya sabemos como se comporta el Pacto en épocas de recesión o de falta de actividad, y, en segundo lugar, hemos visto la falta de incentivos para mantener una posición saneada durante los momentos álgidos del ciclo. Además, hemos tenido muy en cuenta, por supuesto, la circunstancia de que la UE tiene ahora 25 socios y la mitad, por tanto, no está en la zona Euro.

'Francia y Alemania no han pagado su derrape fiscal gracias a la credibilidad del euro'

'Nuestra propuesta no es para debilitar el Pacto, es para darle racionalidad'

P. Ustedes ofrecen una interpretación 'personalizada' del Pacto, que tenga en cuenta las circunstancias de cada país. Pero hay voces, sobre todo, desde Alemania, y en concreto desde el Bundesbank, que temen una relajación fiscal generalizada.

R. Se equivocan. Se equivocan de plano. Nuestra propuesta no es para debilitar o flexibilizar el Pacto, sino para fortalecerlo e introducir una mayor racionalidad económica a los instrumentos con que cuenta. Es decir, no impulsar políticas restrictivas durante la parte baja del ciclo y expansivas, durante la parte alta. Es ese carácter procíclico lo que queremos corregir. Y además, poner más énfasis en la deuda publica de los Estados y no sólo en su déficit.

P. Pero ese carácter procíclico parece inherente al Pacto, puesto que sólo prevé castigos...

R. No es inherente, porque lo que el Pacto exige es el equilibrio fiscal a medio plazo. Lo que ocurre es que, así como las reglas para castigar a los infractores están muy detalladas, no están fijando los incentivos para los cumplidores.

P. En el caso de Irlanda se intentó castigar a un país en plena expansión y no funcionó.

R. No fue un caso de aplicación del Pacto, sino de la vigilancia multilateral. Pero es cierto que los ministros de Economía se negaron a utilizar uno de los instrumentos disponibles para llamar al orden a un país. Hay que utilizar mejor estos instrumentos y los ministros deben comprometerse a dar más importancia a su aplicación durante todo el ciclo.

P. ¿No será que el Pacto está mal concebido desde el origen?

R. No imputemos a la moneda única ni al Pacto la ralentización económica. Desde la instauración del euro se ha aumentado sensiblemente la estabilidad, aunque sea cierto que en estos mismos años el crecimiento se ha quedado detrás de nuestros principales competidores, EE UU en concreto.

P. Su propuesta confía en la presión de unos ministros sobre otros para que tengan que rectificar. Pero qué puede tener impacto en la opinión pública un debate tan complejo.

R. Más vale que los llamados costes de imagen o de reputación de un déficit excesivo se paguen a través de la opinión pública, porque, si no, se pagarán a través de los costes de financiación, pues los mercados no perdonan.

P. Pero los mercados de deuda pública no han castigado los derrapes fiscales de Francia y Alemania...

R. Pero eso ha sido uno de los mayores éxitos del euro y del Banco Central Europeo, que han sabido mantener la credibilidad de la zona en su conjunto durante todo este período de desaceleración económica. Pero la reputación no es eterna y, aunque la labor del BCE en ese terreno ha sido extraordinaria, los mercados pueden acabar castigando a la zona Euro en su conjunto o a determinados países en concreto.

P. Parece poco probable que la opinión pública vaya a exigir recortes de gasto en momentos de crisis...

R. Pero si actuamos correctamente en la parte alta del ciclo, ningún Gobierno estará obligado recortar gastos en período de recesión. Se podrá ajustar el gasto a la necesidad del momento.

P. ¿Qué respuesta espera de los ministros cuando analicen al reforma este fin de semana?

R. He tenido conversaciones bilaterales con bastantes de ellos y la primera reacción ha sido muy positiva. Pero no ignoro las dificultades y que existen diferentes sensibilidades. Pero no estamos al final del proceso, sino al principio.

'El puesto de Míster Euro será muy útil para mantener el diálogo con el BCE'

Llegó a Bruselas con cierto halo de interinidad para sustituir a Pedro Solbes como comisario de Economía cuando apenas faltaban seis meses para que expirara el mandato del equipo de Romano Prodi. Pero el bilbaíno ha logrado no sólo reengancharse con el nuevo presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, sino también que el portugués le confíe la misma cartera a partir del 1 de noviembre. 'Cuando Barroso me lo ofreció, me alegró mucho y se lo agradecí porque es un área en el que me encuentro muy a gusto'.Aún continúa habiendo, sin embargo, una sombra sobre la duración de su estancia en Bruselas. Tan pronto como entre en vigor la futura Constitución (no antes de finales de 2006), su compañero de partido, Javier Solana, se convertirá en ministro de Exteriores de la UE y vicepresidente de la Comisión, ocupando la plaza que corresponde a España en ese organismo. 'A todos nos interesa que la Constitución se ratifique y entre en vigor cuanto antes y debemos trabajar para conseguirlo', subraya tajante cuando se le recuerda esta circunstancia.A partir de 2005, a Almunia le tocará convivir además con un presidente estable del Eurogrupo, cargo que ocupará previsiblemente el ministro de Economía de Luxemburgo, Jean Claude Juncker. 'Estoy convencido de que será muy útil tanto para el Eurogrupo como para la Comisión, sobre todo, si el elegido es Juncker. Será clave para el futuro de la gobernanza económica de la zona Euro y del debate sobre el Pacto de Estabilidad. Además permitirá establecer un canal de diálogo, que no un contrapeso político, entre el Eurogrupo y el Banco Central Europeo'. Almunia rechaza que la convivencia (no del todo fructífera, a decir de algunos observadores) entre el comisario de Exteriores (Chris Patten) y el representante de Política Exterior (Javier Solana) pueda ser un mal precedente. 'Son áreas muy diferentes'. ¿Quién será Mr. Euro: Juncker, Trichet o Almunia? 'Cada uno tendrá sus funciones. Lo importante es que la labor de todos sea coherente'.

'Hace falta liderazgo político para impulsar las reformas'

Joaquín Almunia reconoce que la zona Euro no ha alcanzado aún la velocidad de crucero. Y opina que 'en gran parte ese retraso en crecimiento no deriva de las condiciones macroeconómicas, sino de dificultades estructurales de la economía europea'.¿Qué reformas hacen falta en la Unión Europea para consolidar su crecimiento?La agenda de las reformas está muy bien definida desde la cumbre de Lisboa en el año 2000, que trazó el camino para que Europa pueda convertirse en el área más competitiva y con más cohesión económica del planeta en 2010. Ahora estamos en la revisión a mitad de camino de esa estrategia y, en noviembre, Wim Kok presentará el informe que está realizando al respecto. Todos sabemos que el proceso de reformas está muy por detrás de las ambiciones que se expresaron en su día, pero se ha avanzado, aunque es verdad que el resultado no se verá más que a medio o largo plazo.¿Corre riesgo de quiebra el llamado modelo europeo de protección y bienestar?Yo no hablaría en términos de quiebra en relación con un Estado, pero sin duda la sostenibilidad del modelo actual requiere la introducción de reformas como la inversión en I+D, la aligación de los mercados laborales, el sistema de pensiones, etc. , para aumentar así el potencial de crecimiento de las economías europeas y lograr superar ese retraso respecto a otros bloques del que hablábamos antes.Pero las opiniones públicas, como hemos visto en Alemania, castigan a veces a los gobiernos que acometen esas reformas...Ojalá que no sea cierta esa correlación entre el esfuerzo reformista y el castigo de las opiniones públicas. Porque, aunque es cierto que el dividendo de las reformas tarda a veces en percibirse, los políticos que las emprenden acaban obteniendo el respeto y mereciendo una enorme credibilidad. Pero es cierto que hay que acompañar esas reformas con un liderazgo político y una capacidad para explicar su necesidad. No se puede atribuir las reformas a una exigencia de 'Bruselas'. Los Gobiernos no pueden pactar esas reformas entre ellos y luego desentenderse y atribuirlas a 'Bruselas'. Bruselas somos todos. No se puede utilizar ese doble lenguaje. Es esa falacia política la que, tarde o temprano, se acaba pagando.¿A pesar de que la zona euro renquea en términos de crecimiento desde el año 2000, la moneda europea se ha consolidado?El euro es una moneda fuerte, y nos ha evitado enormes riesgos y desequilibrios. Hubiera sido impensable, por ejemplo, que España sin el euro hubiera pasado las recientes turbulencias mundiales con la estabilidad monetaria como lo ha hecho. El euro es fuerte y los mercados de futuros siguen apostando por esa fortaleza del euro. Otra cosa es que esa fortaleza no ayude a nuestras exportaciones. Pero nos ha ayudado a superar con cierta tranquilidad la carestía del crudo.¿Cuáles son sus previsiones a corto y medio plazo para la actividad económica?En octubre esperamos revisar al alza las previsiones de crecimiento para la zona Euro. En inflación esperamos acabar este año unas décimas por encima del 2%, pero se corregirá en 2005. No hay, por tanto, motivos para un endurecimiento de la política monetaria. A nivel mundial, el mayor riesgo es la incertidumbre geopolítica y el déficit fiscal y comercial de Estados Unidos. Gane quien gane las elecciones presidenciales en el mes de noviembre, tendrá que enfrentarse a ese problema.

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