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El regulador estadounidense concede la licencia bancaria a la empresa cripto de los Trump

World Liberty Financial, gestionada por los hijos del presidente, podrá emitir directamente la ‘stablecoin’ USD1, gestionar y custodiar activos digitales y reservas de los clientes

Donald Trump Jr. y Eric Trump en el parqué del Nasdaq. Eduardo Munoz (REUTERS)

La Administración Trump se marcó un objetivo ambicioso para este mandato: convertir a Estados Unidos en la capital mundial de las criptomonedas. De momento, lo ha conseguido solo a medias. El proyecto estrella para regular el mercado de los activos digitales, la Clarity Act, sigue atascado en el Senado, precisamente por la controversia generada por los negocios cripto del propio presidente y por las dudas sobre las salvaguardias previstas para evitar que los cargos públicos se beneficien de estos negocios. Pese a ello, el imperio empresarial del presidente sigue viento en popa, y la Oficina del Contralor de la Moneda (OCC, por sus siglas en inglés) ha concedido una aprobación preliminar para una licencia de banco fiduciario a una filial de World Liberty Financial, la empresa cripto de la familia Trump.

Con el visto bueno del regulador bancario, la compañía podrá emitir directamente su stablecoin USD1, valorada en unos 4.000 millones de dólares y ya la cuarta mayor del mercado, además de custodiar activos digitales de clientes y gestionar sus reservas, funciones que hasta ahora desempeñaba BitGo. No obstante, a diferencia de un banco tradicional, no podrá aceptar depósitos ni otorgar préstamos. World Liberty Financial solicitó la autorización en enero de este año, siguiendo el camino de otras empresas del sector, que buscan asemejarse cada vez más a las entidades financieras tradicionales.

De hecho, no se trata de un caso aislado. Durante años, la industria cripto ha vivido al ritmo de la volatilidad del mercado. Los altibajos en el precio de las criptomonedas han provocado explosiones del negocio seguidas de periodos de sequía. Por ello, muchas compañías han intentado diversificar sus negocios. No solo integran en sus plataformas nuevos productos criptos, acciones o derivados, sino que aspiran a evolucionar de un modelo basado en el cobro de comisiones a asumir funciones propias de los bancos.

La aprobación de la licencia llega en un momento en el que los negocios cripto del presidente están en el ojo del huracán. La última declaración financiera anual de Trump, publicada en julio, reveló que el presidente ingresó el año pasado unos 1.228 millones de euros gracias a los negocios cripto de su imperio familiar, lo que desató la indignación de los demócratas y fuertes críticas de expertos de ética, que denuncian profundos conflictos de interés, debido a la estrecha relación entre la agenda regulatoria del Gobierno y los intereses económicos del entorno presidencial.

La polémica se elevó a tal punto que bloqueó, una vez más, la tramitación del Clarity Act, la gran apuesta legislativa de la Administración para dotar al sector de un marco regulatorio estable. La bancada demócrata, cuyo apoyo es necesario para que la normativa sea aprobada, rechazó el nuevo borrador de la ley, al considerar insuficientes las medidas destinadas a impedir que los cargos públicos se beneficien de la actividad cripto. Aunque se introdujeron cláusulas que prohibirían a los altos cargos emitir o promocionar criptomonedas durante su mandato, las restricciones se extienden únicamente a los cónyuges y no a los hijos. En el caso de Trump, son precisamente sus hijos quienes gestionan buena parte de los negocios familiares vinculados a este sector.

Además, la bancada demócrata y expertos en ética vieron en el texto una suerte de atajo legal que, de facto, no limitaría los negocios de Trump en este mundo. La razón es que muchos de sus proyectos empresariales se lanzaron antes de su regreso a la Casa Blanca: la memecoin se lanzó pocos días antes de que tomara posesión, mientras World Liberty Financial se fundó durante su campaña electoral y está gestionada por sus hijos y otros socios. La memecoin $TRUMP se lanzó en vísperas de su toma de posesión.

Incluir requisitos más estrictos se ha convertido en una condición indispensable para los demócratas y ha puesto en riesgo el consenso bipartidista que los republicanos buscaban alcanzar antes del receso de agosto. La urgencia no era casual: querían aprobar a toda costa la normativa antes del receso de agosto, no solo porque era una de las grandes promesas de esta administración, sino también porque es una de las principales reivindicaciones de la industria, que se ha gastado millones de dólares en la campaña presidencial que llevó a la elección de Trump y en las elecciones de medio mandato del próximo noviembre. Según el calendario previsto, la normativa debería volver a debatirse en el Senado en septiembre, dejando muy poco margen antes de que la atención de los legisladores se centre en las elecciones de mitad de mandato.

Como respuesta a este nuevo bloqueo, la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos, la SEC, tenía previsto celebrar una reunión pública el pasado viernes, en la que iba a presentar nuevas iniciativas sobre regulación de criptoactivos y mercados tokenizados, según reportó Bloomberg. Sin embargo, a última hora del jueves, el organismo la aplazó sin fijar una nueva fecha.

Así, la capital cripto del planeta está ahora en el limbo. Aunque la SEC presente nuevas reglas y la Comisión de Negociación de Futuros sobre Materias Primas continúe trabajando en normas que podrían beneficiar al sector, la industria insiste en que estas directrices no pueden sustituir a una ley aprobada por el Congreso. La ausencia de una normativa específica mantiene al sector en una situación de incertidumbre jurídica, aunque no ha impedido que el imperio cripto de Trump siga expandiéndose con el respaldo de los reguladores.

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