Brasil

Las recetas de Lula empiezan a dar resultado en la economía

Lula da Silva está de enhorabuena. El presidente brasileño ha recuperado en los últimos meses su credibilidad gracias a que el crecimiento económico ha batido el récord de los últimos ocho años.

Lula tiene motivos para estar contento. En menos de seis meses la economía ha pasado de ser un lastre a convertirse en su mejor aliado. Desde que llegó al poder, en enero de 2003, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, apostó por aplicar medidas dolorosas, como una política fiscal rígida encaminada a reducir la elevada deuda del país.

La apuesta, liderada por el ministro de Economía, Antonio Palocci, le valió la antipatía de gran parte de sus votantes, decepcionados por la política nada progresista de un Partido de los Trabajadores.

En marzo, las encuestas mostraban el desencanto de la población con el Gobierno por el aumento del paro, la caída de la renta, y la recesión económica, que quedó plasmada en un descenso del PIB en 2003 del 0,2%.

Hoy, el Ministerio de Economía está de enhorabuena. El PIB del segundo trimestre ha marcado récord en ocho años, al aumentar un 5,7% frente al mismo periodo del año anterior, dejando el crecimiento del primer semestre en el 4,2%, el mejor registro desde 2000.

El dato ha sorprendido al propio Gobierno y a los analistas, que ya han empezado a revisar al alza sus previsiones para este año. El 4%, que se situaba como el techo de las mejores expectativas, es ahora el mínimo previsto. 'El optimismo está liderado por la trayectoria de la recuperación económica iniciada a finales de 2003, pero también cuenta el excelente balance del sector comercial y la austeridad fiscal practicada por el Gobierno', dice Marcelo de Ávila, economista jefe de Gloval Invest.

Los primeros indicios de que la recuperación estaba en marcha ya repercutieron en Lula. Según una encuesta publicada por el Instituto Sensus en agosto, el presidente consiguió por primera vez en un año subir su popularidad, hasta el 58%, frente al 54% anterior.

El mayor giro se ha producido en la demanda interna, con un aumento del consumo de las familias del 3,1% en el primer semestre. El gasto ha estado impulsado por una subida en la renta de los trabajadores y por tres meses consecutivos de descenso del desempleo, que se encuentra en el 11,2% de la población activa.

Crecimiento no sostenido

El optimismo, no obstante, no es tan generalizado. Algunos analistas creen que el crecimiento no es sostenido, sino que se debe a los débiles datos con los que se compara.

'Todavía no creemos en la continuación del crecimiento de la economía como el Gobierno intenta mostrar. En el tercer trimestre, incluso con la proximidad de las fiestas de fin de año, el PIB no crecerá a este nivel', opinan en la consultora Gloval Invest.

Sin embargo, el principal motor de la economía continúa fuerte. El superávit comercial superó en agosto, por cuarto mes consecutivo, los 3.000 millones de dólares. La recuperación ha hecho que Palocci ya haya insinuado la posibilidad de un aumento de los tipos de interés para evitar un alza en la inflación. En la actualidad los tipos están en el 16% y una subida podría frenar el gasto.

'Para que el proceso de expansión sea duradero es urgente una mayor inversión en producción. Medidas como la reducción de impuestos de máquinas y equipos y del coste del capital son condiciones básicas para atraer la inversión y garantizar la continuidad del crecimiento', advierte Armando Monteiro, presidente de la Confederación Nacional de Industria.

El objetivo es ser la sexta potencia mundial

La euforia económica ha hecho mella en Lula. El presidente, entusiasmado con los buenos datos publicados, ya ha declarado que espera que Brasil se convierta en la sexta economía del mundo.

Los analistas consideran exagerada la expectativa para un país que, con un PIB de medio billón de dólares, ocupa la decimoquinta posición en el ranking mundial. Aunque no sean tan ambiciosas, los indicadores sí pueden traer otras consecuencias positivas para el Gobierno. El próximo mes se celebran en Brasil elecciones municipales y el PT, partido del presidente, se ha visto fortalecido por la recuperación.

Además, la semana pasada Brasil recibió la visita del director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rodrigo Rato, quien tuvo un agradable recibimiento, lejos del ambiente que tuvo que vivir días antes en Argentina. Brasil, de manera conjunta con varios países latino americanos, ha pedido un cambio en la contabilidad del superávit primario, al que se ha comprometido en su acuerdo de crédito con el organismo, por 40.000 millones de dólares, de modo tal que éste excluya las inversiones públicas en infraestructura, permitiendo así mayores gastos.

El Fondo ha incluido a Brasil dentro de un programa piloto para evaluar la cuestión, pero ha dicho que los países deben asegurar la factibilidad comercial de los proyectos.

De hecho, Brasil viene cumpliendo con holgura las metas acordadas en su convenio con el FMI, principalmente un superávit primario del 4,25% del PIB.

Tal y como se había anunciado con anterioridad a la reunión, el encuentro con el director gerente del FMI finalmente no tomó una decisión sobre la eventual renovación o no del programa suscrito entre Brasil y la entidad de crédito.