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Cuando el número dos mejora al líder

Inmediatamente después de anunciar el aspirante demócrata a la Casa Blanca, John Kerry, que el carismático abogado y senador por Carolina del Norte, John Edward, le acompañaría como candidato a vicepresidente, la popularidad del primero mejoró. El líder de ceño fruncido buscó su complemento, una cara amable.

Ha aparecido en escena como una estrella de Hollywood: amplia sonrisa, imagen impecable, apariencia de buen chico, enérgico, populista y atractivo. Inmediatamente después de anunciar el aspirante demócrata a la Casa Blanca, John Kerry, que el carismático abogado y senador por Carolina del Norte, John Edward, le acompañaría como candidato a vicepresidente, la popularidad del primero mejoró. El líder de ceño fruncido buscó su complemento, una cara amable.

'Edward le ha dado impulso y complementariedad a Kerry. Son perfiles muy distintos que se apoyan muy bien', afirma José Luis Álvarez, vicedecano y profesor de Comportamiento Organizacional del Instituto de Empresa, quien opina que lo peligroso cuando se establece una relación de este tipo es que la pareja sea parecida, no complementaria, y el segundo sea brillante. 'En este caso, no hay nada que temer porque Kerry seguirá siendo el número uno, pero saldrá reforzado porque su compañero parece listo, tiene buena imagen y es distinto a él. Es un abogado populista y tiene empatía con la audiencia. Seguro que no dejará en mal lugar a Kerry', afirma Álvarez. No son los únicos dúos que han triunfado.

Las parejas debe estar invertidas, opina el docente del Instituto de Empresa. Hay más ejemplos en la política. La pareja formada por George W. Bush y Dick Cheney también son complementarios. El primero es cercano y populista y el segundo es veterano y lejano.

'El segundo siempre tiene que enriquecer al primero', dice Álvarez de Mon'

Otro dúo compenetrado lo formaron Bill Gates y Steve Ballmer en Microsoft. 'Si Gates es el gran estratega, Ballmer es el maestro de la táctica', escriben David A. Heenan y Warren Bennis en el libro Co-Leaders (John Willey & Sons). Ballmer era claramente el alter ego de Gates. 'Nadie debería dudar de que es el número dos de la compañía', reconoció Gates en una ocasión. El 21 de julio de 1998, Ballmer fue nombrado presidente de la compañía, reforzando su papel como heredero de Gates.

Las debilidades de uno las debe completar el otro. Así lo cree el profesor de Comportamiento Organizacional del IESE, Santiago Álvarez de Mon, quien asegura que los papeles de la pareja deben estar claros. 'El segundo siempre tiene que enriquecer al primero. No puede ser una fotocopia o extensión. Ha de aportar algo', dice Álvarez de Mon. La clave, asegura, está en la suma. 'Ahí está el encanto. El número dos tiene que demostrar lealtad y trabajar al servicio del líder. 'No puede tener celos ni tener afán de protagonismo', afirma Álvarez de Mon, quien recuerda a otra pareja española, la formada por Emilio Ybarra y Pedro Luis Uriarte, que durante muchos años dio muestras de un gran entendimiento. 'Cada uno tenía clara su misión y actuaban en consecuencia'. Cuando se marcharon del BBVA se fueron juntos. 'Es bueno que se entiendan sin hablarse', explica Álvarez de Mon.

Otra pareja que recuerda el profesor del IESE es la formada por el ex entrenador del equipo de balonmano de Barcelona Valero Rivera y el que era tercer entrenador y preparador físico, Xesco Espar. 'Es necesario que haya armonía y que uno le de el brillo que le falta al otro', matiza Álvarez de Mon.

Los números dos han de aparecer como una figura de apoyo del líder. Lo afirma el profesor de Psicología de la Organización en Esade, Roberto Quiroga, quien aconseja a los números uno buscar y elegir cuidadosamente a esa persona que le va a reforzar. 'Debe compensar los puntos débiles del líder. Por ejemplo, si es una persona carismática pero desordenada el segundo debe ser una persona ordenada', señala Quiroga, que ve un problema cuando el primer ejecutivo aparece como una persona insegura y percibe al número dos como una amenaza.

En este punto coincide el socio director de la consultora de alta dirección Spencer Stuart, Ignacio Gil-Casares, quien asegura que todo líder debe estar seguro de sí mismo. 'No debe temer a los que trabajan a su lado'. En teoría, están para ayudarle.

'Tiene que actuar con elegancia y ética'

El asesinato de John F. Kennedy creó un vacío de poder en Estados Unidos. No existía un número dos con la suficiente fuerza para que le relevara. Por ese motivo, cree Antonio Garrigues, que la figura del candidato a vicepresidente ha cobrado importancia en este país. Es un ejemplo que se puede extrapolar al mundo de la empresa.

'El número dos tiene que complementar al número uno y sobre todo tiene que pensar en un posible sustituto, en alguien que esté en condiciones para hacerse cargo del puesto'. Opina que la gran diferencia entre Estados Unidos y Europa está en que los estadounidenses contemplan el cambio de liderazgo como algo natural. 'Aquí la permanencia es continua, no se fomenta el cambio y nunca se está pensando en cambiar al líder', afirma este jurista para quien el número dos debe actuar siempre con 'elegancia, ética y sentido de la institución'. Debe colaborar y ayudar al líder, no luchar por el poder.

'Debe reforzar las debilidades del líder'

Tiene que ser un complemento. Y no debe obstaculizar la labor del líder, 'debe reforzar sus debilidades', asegura Ignacio Gil-Casares, para quien la figura de los números dos no existe como tal porque sería la figura del uno sobre uno. Lo explica: 'Dentro del equipo de personas que reportan al líder siempre hay uno que destaca, pero es una persona complementaria'. Asegura que todo buen líder que se precie de ello ha de tener la habilidad suficiente para rodearse de un buen equipo de números dos, con personalidad y experiencia avalada, que puedan reforzar sus carencias y debilidades.

'No debe tener miedo de rodearse de buenos profesionales porque por lo que se le mide a un líder es por su capacidad para crear un buen equipo', señala Gil-Casares. Sobre las aspiraciones de los números dos a ocupar el primer puesto, asegura que es sano tener aspiraciones. 'El que está llamado a ser número uno acaba siéndolo'.

'No puede parecer demasiado ambicioso '

Discreción. Es la recomendación de José Luis Álvarez, vicedecano del Instituto de Empresa, a todo número dos. 'No puede parecer demasiado ambicioso, debe estar contento con el puesto que tiene. No se le puede notar infelicidad por no ser el número uno'. Asegura que lo importante es clarificar los papeles que se asumen en esa relación, siempre orientada al futuro. 'Cuando se establecen dúos es porque se cree que esa pareja va a funcionar y que tiene futuro, bien sea dentro de la empresa o en el mundo de la política. Un número dos no puede dejar mal al líder', señala Álvarez.

Si toda va bien no ocurre nada, pero si cae el líder caerá el segundo. 'Al que se considera el heredero se le responsabiliza por igual de los malos resultados. Por eso tiene que rodearse de profesionales muy competentes porque la vulnerabilidad del primero es la del segundo'.