13 J, cita electoral

La abstención planea sobre las europeas

La apatía y el euroescepticismo dominan las elecciones para la Eurocámara. Una cita que puede suponer un varapalo electoral para los partidos en el poder

Europa inicia hoy cuatro días de votaciones en 25 países para elegir a 732 europarlamentarios. Un total de 14.670 candidatos, repartidos en casi un millar de listas electorales, se disputan el voto potencial de más de 450 millones de ciudadanos.

La enormidad de las cifras contrasta dramáticamente con la escasa expectativa de participación (el 52%, según los últimos sondeos). Y el esfuerzo electoral tampoco se corresponde con las difuminadas competencias que el Tratado de la Unión Europea atribuye a la única institución comunitaria elegida por sufragio universal.

Gran Bretaña y Holanda abren hoy unos comicios que se prolongarán hasta el domingo (día en que se votará en España). En ambos países se espera una participación muy inferior al 50%, umbral por debajo del cual muchos analistas ponen en duda la legitimidad de los resultados.

El Parlamento Europeo sólo podrá pronunciarse de forma simbólica sobre asuntos claves de la agenda de la Unión Europea como la integración de Turquía y el proyecto de Constitución

Los dos apáticos electorados británico y holandés simbolizan, respectivamente, el euroescepticismo de viejo cuño y la fatiga por un modelo de integración política que no acaba de cuajar. La futura Constitución europea intentará combatir ambas 'patologías', pero el proyecto alienta tantos temores como ilusiones en función de las sensibilidades de cada país.

El mismo lunes, con las urnas todavía arrojando resultados, los ministros de Asuntos Exteriores de la UE se reúnen en Luxemburgo para desbrozar los últimos puntos conflictivos de una Constitución que al final de la semana (17 y 18 de junio) deben pactar los presidentes de Gobierno de los Veinticinco.

El varapalo electoral que esperan muchos de los partidos en el poder (desde Reino Unido a Alemania, desde Francia a Polonia) puede limitar seriamente la ambición de unos líderes que, además, se han comprometido en muchos casos a someter a referéndum el proyecto de Constitución. Bastará que un país vote en contra para que el nuevo Tratado constitucional no entre en vigor.

Llamada a la participación

La cita electoral entre hoy y el día 13 puede servir para tomar el pulso al electorado. Y por ahora parece que late muy débilmente. Los políticos europeos redoblan en estos últimos días de campaña las llamadas a favor de acudir a las urnas. Hay quien. como el líder socialista danés Poul Nyrup Rasmussen, incluso proclama que 'votar en las elecciones europeas es una muestra de respeto a esos héroes de la Europa moderna' que fueron los protagonistas del desembarco de Normandía.

Menos épico, el actual presidente del Parlamento Europeo, Pat Cox, recuerda a los votantes que 'pueden enviar a alguien al Parlamento Europeo para que influya en cosas tan diarias como la creación de puestos de trabajo, el medio ambiente o los derechos del consumidor'. El ministro francés de Exteriores, Michael Barnier, advierte que 'tan importante es un parlamentario en Estrasburgo como en el parlamento nacional'.

Tal vez. Pero el European Policy Institute Network, dependiente del instituto de estudios independiente CEPS, subraya en su análisis de las elecciones que el Parlamento Europeo no tendrá un papel determinante en dos de los asuntos que dominan la campaña electoral. Se trata, en concreto, de la apertura de negociaciones para la integración de Turquía (tema clave para los electorados de Alemania, Francia, Bélgica y Grecia) y el proyecto de Constitución (fundamental en Reino Unido, España, Polonia, Francia, Dinamarca, Bélgica y Eslovaquia).

En ambos casos, el Parlamento sólo contará con la posibilidad de pronunciarse simbólicamente a favor o en contra. Y el Consejo de la UE, auténtico órgano de poder en el que se sientan los 25 gobiernos, ha demostrado repetidamente su disposición a obviar las discrepancias del Parlamento. En las últimas semanas de la legislatura que ahora termina, la UE firmó un acuerdo de transferencias de datos a EE UU que el Parlamento había rechazado abrumadoramente y confirmó como miembro del Tribunal de Cuentas de la UE a un candidato que los europarlamentarios consideraron inapropiado para el cargo.

El Parlamento tampoco cuenta con poderes efectivos en áreas tan importantes de la política comunitaria como la agrícola o la monetaria, y tendrá una influencia muy limitada en la presupuestaria.

El complicado engranaje institucional tampoco facilita la visibilidad de la labor legislativa de un Parlamento que, normalmente, consigue mayor resonancia cuando se pronuncia sobre materias, como política exterior., en las que realmente no tiene competencias.

La falta de transparencia en el proceso legislativo (los conflictos entre Parlamento y Consejo se resuelven finalmente en sesiones de negociación a puerta cerrada) es uno de los argumentos que están explotando los partidos euroescépticos, una amalgama de formaciones que, según algunos sondeos, pueden obtener hasta 20 escaños.

A sus feudos tradicionales, Reino Unido y Dinamarca, se han sumado ahora también las reticencias europeistas de algunos fundadores de la UE como Holanda e Italia.

Sexta legislatura

Con este telón de fondo de abstención y euroescepticismo, el Parlamento se esfuerza por alcanzar la madurez institucional y democrática hacia la que dio un gran paso en 1979 con las primeras elecciones directas. El aval del electorado puede facilitar que la Constitución otorgue nuevos poderes a la Eurocámara (el proyecto ya prevé duplicarlos).

Pero desde la primera legislatura la participación electoral ha caído desde el 63% hasta el 49,8% de 1999. Y la intención de voto este año ni siquiera alcanza el 40% en países que participan por primera vez como Polonia, Eslovaquia o la República Checa. En esta sexta legislatura, la institución se conformaría con mejorar tímidamente el dato de 1999 para poder mantener su credibilidad, la auténtica baza que está en juego a nivel europeo.

Balance. Más de 400 normas en cinco años

La quinta legislatura del Parlamento Europeo (1999-2004) ha visto la tramitación de 403 expedientes legislativos, un 250% más que en el periodo anterior. El balance demuestra, según el presidente, Pat Cox, que el Parlamento ha logrado ser 'un legislador eficiente'. Sólo dos proyectos de directivas han sido rechazados en los últimos cinco años: la del comisario de Mercado Interior, Frits Bolkestein, sobre armonización de ofertas públicas de adquisición (opas) y la de la comisaria de Transportes, Loyola de Palacio, sobre servicios portuarios.

El Parlamento mantuvo, además, un duro pulso de con el Consejo de Ministros, al que impidió durante año aplicar un nuevo procedimiento legislativo a los mercados financieros por temor a que la agilidad legislativa mermase el control democrático.

Portugal. Fallece el candidato socialista Franco Sousa

El ex ministro de Finanzas portugués Antonio de Sousa Franco, cabeza de la lista socialista para las elecciones europeas, falleció ayer de un ataque cardiaco. Todos los partidos portugueses suspendieron sus campañas en señal de duelo. El ex ministro socialista de Justicia Antonio Costa, que acompañaba a Sousa cuando cayó fulminado, le sucederá como cabeza de cartel.

Directivas. La industria se inquieta por la calidad de las normas

El alud legislativo que sale de Bruselas inquieta a la industria. Sectores como el químico, el del automóvil o el aéreo culpan a la legislación comunitaria de su pérdida de competitividad ante rivales extracomunitarios. Y la patronal de pequeñas y medianas empresas (UEAPME) se queja de que 'el Parlamento Europeo no lleve a cabo un análisis del impacto económico de sus decisiones'.

Comisión. La elección de presidente, a la espera del resultado

Los 25 líderes europeos tienen previsto designar la próxima semana al nuevo presidente de la Comisión Europea. Y el elegido deberá obtener el visto bueno del Parlamento Europeo. El Partido Popular Europeo, que se perfila como mayoritario, ya ha exigido un candidato de sus filas. Pero el favorito por ahora es el primer ministro belga, Guy Verhofstadt, del grupo liberal.