EDITORIAL

El nuevo mapa energético

El mercado da altas probabilidades a un cambio en el actual estatus energético, según las opiniones recabadas entre casas de análisis y sociedades de Bolsa. La hipótesis de que Gas Natural, Endesa y Aguas de Barcelona estudien una fusión que daría lugar a un gran proveedor multiservicio de gas, electricidad y agua tiene sentido. Las empresas implicadas han emitido en la última semana mensajes ambiguos, desde los tibios desmentidos iniciales a las declaraciones de que están abiertos a estudiar cualquier alianza. Los analistas señalan que, de todas formas, si no avanzara esa alianza, habría otras combinaciones posibles, pero que en cualquier caso el número de actores del sector energético español, seis, tenderá a reducirse drásticamente.

Que una operación tenga sentido económico no implica que vaya a salir adelante ni que cuente con todas las bendiciones. Nadie obvia la importancia del factor político en un sector tan regulado como el energético. Con el anterior Gobierno se frustraron varias posibles operaciones de fusión, como la amistosa entre Unión Fenosa e Hidrocantábrico y la más ambiciosa entre Endesa e Iberdrola, o hace poco más de un año la opa hostil de Gas Natural sobre Iberdrola. La tesis del Ejecutivo del PP fue que no debía reducirse el número de eléctricas en aras de la competencia ni permitirse que participen en su control empresas públicas extranjeras. El Gobierno socialista se ha declarado abierto a analizar operaciones de concentración y ha declarado su deseo de que haya empresas fuertes en el sector, pero siempre que se salvaguarde la competencia. Con este fin se descuenta que una posible nueva compañía fusionada tenga que desprenderse de activos, lo que reforzaría a terceros y podría traer consigo más competencia, en vez de menos, en este sector.

Uno de los elementos más polémicos de la posible fusión entre Gas Natural y Endesa parece ser el peso que tendría en el capital de la empresa resultante La Caixa, que también es accionista de referencia de Repsol. A algunos les puede inquietar la concentración de poder de la caja catalana, por temor a la posible influencia de la Generalitat sobre su estrategia. Pero hace tiempo que las cajas, con La Caixa a la cabeza, se han convertido en piezas clave del engranaje industrial español. Su presencia en el sector energético no sería nueva, sino el resultado de la suma de sus actuales participaciones. Lo que sorprende es que se presente el acercamiento entre Endesa y Gas Natural como una iniciativa que tiene que liderar la segunda. Dado que Endesa es más grande en capitalización y cifra de negocio, no parece realista sugerir una unión desigual a favor del más pequeño.

La creación de conglomerados energéticos más grandes puede resultar lógica e inevitable a medio plazo en el mercado europeo. El Gobierno haría bien en no cerrar las puertas a una operación de este tipo, siempre que surja desde lógicas empresariales y siempre que se tomen en cuenta los intereses de los consumidores. En cuanto al temor a una hipotética injerencia de la Generalitat, no debería ser un problema si se avanza en el necesario proceso de despolitización de las cajas de ahorros. Un camino que debemos recorrer ineludiblemente, se produzca o no esta operación.