Automoción

La muerte de Agnelli abre una era de dudas en Fiat

Comienza una nueva era en Turín. Por primera vez en sus 105 años de existencia, ningún miembro de los Agnelli estará al frente de Fiat, la bandera industrial y automovilística del país, el imperio que ha dominado el mundo empresarial transalpino en sus 105 años de historia. El cáncer ha vuelto a llevarse la vida de un miembro del clan más poderoso de la industria italiana. Umberto Agnelli, presidente del imperio Fiat y del Juventus, falleció el jueves a las afueras de Turín a los 69 años, víctima de un cáncer linfático.

La incertidumbre de los inversores se disparó ya durante la junta de accionistas del 11 de mayo. La enfermedad de Agnelli le impidió la asistencia, lo que propagó el desconcierto entre los accionistas y la Bolsa milanesa. Ayer, por el contrario, el mercado reaccionó con tranquilidad al fallecimiento del menor de los siete nietos del fundador del imperio. Los títulos de Fiat subieron un 2,6%, en una sesión muy volátil.

El papel de Umberto fue secundario durante muchos años, eclipsado por el carisma de su hermano Giovanni, Gianni, apodado l'Avvocato, quien ocupó la presidencia de Fiat desde 1966 hasta 1996, año en que pasó a ser presidente de honor. Gianni moriría en enero de 2003, también de un cáncer. Ni siquiera tras la dimisión de su carismático hermano mayor, obtuvo Umberto la confianza del consejo, que prefirió al empresario Cesare Romiti. æpermil;ste debería asumir la presidencia interina hasta que recibiese el mando el designado sucesor, el propio hijo de Umberto, llamado Giovanni, como su tío. Otro cáncer, esta vez de estómago, se llevaría por delante la vida de Giovanni en 1997, a los 33 años. La leyenda negra de los Agnelli se cierra, hasta ahora, con Edouardo, sobrino de Umberto e hijo de Giovanni, quien se suicidó en 2000 a los 46 años.

Por primera vez en 105 años no habrá un Agnelli al frente de Fiat

Momento decisivo

Umberto Agnelli, sin embargo, resultó ser decisivo para Fiat en el momento en que le llegó la hora de tomar las riendas. El imperio fundado por su abuelo vivía la peor crisis de su historia en 2003, después de haber perdido 6.000 millones de euros desde 2001. Entonces, Umberto renunció a su idea de vender la filial de automoción y diseñó junto a su consejero delegado Giuseppe Morchio un plan de rescate que incluía la vuelta a negocios estratégicos como los automóviles y camiones -a través de las marcas Fiat, Lancia, Alfa Romeo, Maserati o Iveco-, la venta de unidades no rentables, el despido de 12.300 personas y el cierre de 12 plantas. Agnelli marcó 2004 para lograr el punto de equilibrio y 2006 para retornar a beneficios.

En febrero pasado, Agnelli acompañaba a Morchio en su comparecencia ante la prensa para anunciar que las pérdidas de 2003 se habían reducido de 3.950 millones a 1.900 millones, gracias a los recortes de costes. En mayo, la situación había mejorado aún más, tras lograrse unos números rojos de 194 millones, desde los 681 millones que había perdido un año antes. Para aquel entonces, Agnelli ya no estaba en disposición de comparecer ante nadie.

La ausencia de un Agnelli de peso en las altas esferas del grupo ha hecho brotar la inquietud en el seno del emporio, que puede dejar de ser una empresa controlada por una familia. Por supuesto, quedan Agnellis para perpetuar el control de la saga al frente de Fiat. Sin embargo, ni John Philip Elkann, de 28 años, ni Lapo Elkann, de 26 -ambos nietos de Giovanni-, cuentan aún con la experiencia suficiente para optar al cargo, según fuentes del mercado. Así, los analistas ya barajan nombres como el del abogado de la familia, Franzo Grande Stevens; el del presidente de Ferrari, Luca Cordero di Montezemolo; el de Giuseppe Morchio; Gianluigi Gabetti, presidente y consejero delegado de Ifil, el holding familiar propietario del 30,5% del capital de Fiat y el presidente del todopoderoso banco de inversión Mediobanca, Gianluigi Galateri.

Mientras, la práctica totalidad de las personalidades italianas rindieron ayer tributo a la figura de Umberto. El presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi, destacó que 'después de una vida de compromiso hacia la economía, la sociedad, la política y la cultura, dedicó hasta el final toda su devoción al relanzamiento de una gran compañía'. El primer ministro, Silvio Berlusconi, aseguró estar 'profundamente afectado' por esta muerte. Cordero di Montezemolo y Morchio coincidieron en asegurar que pierden a 'un gran amigo' al que echarán 'de menos'.

Fútbol, empresa y política

La empresa, el fútbol y la política marcaron la vida del menor de los nietos del fundador de Fiat. Umberto Agnelli tenía un año cuando perdió a su padre, Eduardo Agnelli, lo que llevó a la presidencia a su hermano Gianni. Con 22 se licenció en Derecho y asumió el mando del club de fútbol de la familia, la Juventus.

Durante la década de los sesenta frecuentaría altos cargos en diferentes empresas del grupo, ayudando en su expansión internacional. En los setenta, años de crisis para la Democracia Cristiana, el partido pide a los Agnelli que entren en política. Gianni lo rechaza pero Umberto acepta ser candidato como senador por la DC en 1974, y sigue en política hasta 1979.

Se casó dos veces: la primera con Antonella Piaggio, con quien tuvo a su hijo Giovanni, muerto en 1997. La segunda, con la prima de la mujer de su hermano Giovanni, con quien tuvo dos hijas.