EDITORIAL

El petróleo pasa factura

La factura del petróleo empieza a pasarse al cobro. Las altas cotizaciones en los mercados internacionales del crudo, que se ha acercado peligrosamente a los 40 dólares, y que ha consolidado un largo periodo muy por encima de los 30, ha hecho mella significativa en los precios finales de los productos energéticos refinados (carburantes) y aparece ya en las alarmas de la inflación. En la zona euro ha llevado la tasa de inflación en poco más de dos meses del 1,5% al 2,5%, enterrando toda posibilidad de una bajada de tipos. En España, más sensible a este termómetro, el IPC ha llegado en mayo al 3,4%, desde el 2,1% de marzo.

Esta situación, generada a partes iguales por la fuerte demanda, la especulación y la inestabilidad geopolítica en yacimientos naturales del crudo, pone, una vez más, la economía mundial contra las cuerdas. Subidas de precios que recortan la renta de los agentes privados, subidas previstas de tipos que elevan el coste del endeudamiento y disuaden la inversión, pérdida, en fin, de confianza general que puede quebrar un crecimiento desconocido desde 2000. Ese es el futuro si todos los implicados no moderan sus posiciones.