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EE UU privatiza la organización de la cumbre del G-8

La subcontratación ya no es práctica habitual de empresas privadas solamente. El Gobierno de EE UU es un firme convencido de esta técnica de gestión y, por ejemplo, subcontrata muchas de las actividades que antes correspondían a su Ejército, la propia seguridad de Paul Bremer (su administrador en Irak) y pronto la vigilancia virtual de las fronteras.

Recientemente también ha subcontratado a la empresa Hargrove una parte importante de la organización de la cumbre del G-8 que se celebrará del 8 al 10 de junio en Sea Island (Georgia). El resultado es que, así como el Ejército paga a Halliburton por el servicio de comidas y las importaciones de gasolina a Irak, los periodistas que cubran este encuentro de jefes de Estado de los países más industrializados (más Rusia) van a tener que pagar por utilizar la sala de prensa que instale la empresa Hargrove, una habitual en las celebraciones presidenciales, la organización de convenciones de partidos y desde hace 50 años la encargada de la decoración del árbol de Navidad de la Casa Blanca.

Pero el pago por uso de la sala de prensa no es habitual en estos encuentros, ni en los que organiza el World Economic Forum, ni en las conferencias internacionales, ni en las reuniones del FMI en Washington, donde sólo se cobran las llamadas internacionales, a veces se reparten bocadillos gratis y el café es cortesía de la casa.

La empresa Hargrove es una habitual de la organización de eventos en Washington y se ocupa desde hace 50 años de la decoración del árbol de Navidad de la Casa Blanca

La falta de precedente está haciendo que la historia de este canon esté siendo más accidentado de lo que los organizadores previeron y que se esté fraguando una rebelión entre periodistas, la mayoría no estadounidenses. Muchos de ellos simple y llanamente se niegan a pagar por usar una sala de prensa. Cuando se pregunta a alguno, la respuesta, negativa, va acompañada de una mirada que se traduce como: 'Pero, ¿qué dices hombre?'. Y eso a pesar de que ya ha habido rebajas.

En un inicio, cuando se emitieron las acreditaciones que permiten el acceso a la cumbre se adjuntó un formulario en el que se explicaba que el coste de la mesa y la silla de trabajo sería de algo más de 700 dólares. Si se quería contar con material de oficina la cuenta sumaba alrededor de 100 dólares más. Pero era opcional, el periodista se puede llevar sus bolígrafos.

Poco después se remitió otra comunicación en la que se detallaba que se procedería a una rebaja de la tarifa. El acceso a silla y mesa cuesta ahora 371 dólares (impuestos incluidos). Peor lo tienen las televisiones, que deben abonar 2.500 dólares por una pequeña sala de montaje con dos sillas y mesa. Si se necesita otra, son 40 dólares más. A esto hay que añadir el coste de la videoconferencia para conectar periodistas y autoridades, ya que por motivos de seguridad y para disuadir y alejar manifestantes, los mandatarios estarán a 30 kilómetros de la prensa. Según Le Monde, el coste de la conexión para las videoconferencias se ha fijado en 23.600 dólares, y 'Francia ha rehusado el servicio'.

Los organizadores se han encontrado con las protestas de las asociaciones de prensa pero no se ha cedido. Del otro lado tampoco, y los organizadores han enviado correos electrónicos a los periodistas recordando en términos muy claros que si no se paga no se puede trabajar en la sala de prensa. Hay quien dice jocoso que el suelo no es mala alternativa. Muchos europeos no quieren sentar precedente y dejarán la chequera en casa.