Ir al contenido
_
_
_
_
Editorial

Luces y sombras del crecimiento

La economía ha esquivado el 11-M, y los temores a una quiebra en el marchamo del ciclo alcista de actividad se han disipado. La incipiente recuperación en Europa parece haberse visto más comprometida que la propia economía española por el brutal atentado de Madrid, a juzgar por el freno experimentado en la confianza de consumidores y empresarios en los grandes países de la Unión en marzo y abril, aunque no existe información suficiente como para relacionar el acto terrorista con el comportamiento económico. Pero España ha logrado mantener en el primer trimestre una tasa acelerada de crecimiento interanual (2,8%), con consolidación de la demanda interna, más intensiva aún en consumo que en inversión, a excepción, como viene ocurriendo, de la construcción.

Las dudas en Europa son las que mantienen su prolongada sombra sobre la economía española y las que provocan que el crecimiento español mantenga los desequilibrios de los últimos trimestres: poca inversión, mucha construcción y la actividad exterior agarrotada. Sin demanda exterior alcista, España no puede mantener mucho tiempo más un crecimiento por encima del 2%, so pena de avivar variables que pueden empezar a ser peligrosas a partir de determinados niveles, como el endeudamiento de las familias, si mediase una subida brusca del precio del dinero.

La vigilancia sobre la composición del crecimiento debe estrecharse en lo sucesivo en una economía obligada a circular con el freno de mano, por imposición europea, para evitar tanto una pérdida de ritmo que dañase al empleo como un descontrol de determinadas variables. Los datos para el segundo trimestre apuntan a una mejora de la confianza de las empresas, según el indicador ICE, especificada tanto en inversión como en ventas. Pero abril no ha proporcionado precisamente los mejores datos sobre el empleo, y esto puede ser un aviso de agotamiento del modelo.

Archivado En

_
_