Cinco sentidos

Dalí, el primer fan del modernismo y de Gaudí

Aunque hoy pueda parecer extraño, hubo un tiempo en que a los barceloneses no les gustaban las obras de Antoni Gaudí (1852-1926). Eran los primeros años del siglo XX y la burguesía, tradicional y conservadora, era incapaz de asumir la renovación estética que suponía el modernismo y, sobre todo, Gaudí. Como muestra, bastaría decir que uno de sus más famosos edificios, la casa Milà del Paseo de Gràcia, es conocido con el nombre de La pedrera (la cantera, en castellano), gracias al bautizo popular un tanto despectivo por el aspecto pétreo de su fachada.

En este entorno de incomprensión, quizá fuese Salvador Dalí (1904-1989) uno de los primeros artistas defensores del arquitecto catalán. La muestra Dalí y Gaudí, la revolución del sentimiento de originalidad, ubicada precisamente en La Pedrera de Gaudí, se abre con unas palabras del pintor catalán. 'Creo haber sido el primero, en 1929, en considerar sin asomo de humor, la arquitectura delirante del Modern Style modernismo, en inglés como el fenómeno más original y extraordinario de la historia del arte'.

En el año 1933 Dalí dio a conocer a Gaudí a los surrealistas en un artículo titulado Sobre la belleza aterradora y comestible de la arquitectura Modern Style, en el que exaltaba a Gaudí y al modernismo, considerándolos 'una revolución sin precedentes del sentimiento de originalidad'. La imaginación de Gaudí coincide con el ideal de Dalí de una arquitectura creadora, 'que proporcione máquinas para soñar y que potencie el funcionamiento de los deseos'. Una arquitectura, en palabras del pintor, 'no sólo para habitar, sino para despertar la imaginación'.

La exposición, organizada por la Fundación Caixa Catalunya, actual propietaria de La Pedrera, y por la Fundación Gala-Salvador Dalí, recogerá hasta el próximo 16 de mayo el interés obsesivo y la fascinación de Dalí por Gaudí a través de óleos, dibujos, fotografías, manuscritos, publicaciones y un vídeo, procedentes en su mayoría de los fondos de la Fundación Gala-Salvador Dalí.

La muestra dedica un capítulo muy importante al homenaje que el pintor gerundense dedicó al arquitecto tarragonés en el Parque Güell de Barcelona, el 29 de septiembre de 1956, con el fin de recaudar fondos para financiar la construcción de la Sagrada Familia. Al final del discurso, el pintor ampurdanés realizó pintando con alquitrán un mural del templo inacabado.

La exposición está articulada fundamentalmente en torno a la Sagrada Familia, La Pedrera y el Parque Güell, llenas de 'formas blandas, que Dalí relacionaba con el Mar Mediterráneo', según explica la comisaria de la muestra, Montse Aguer.

Con estas tres referencias arquitectónicas, la obsesión de Dalí por Gaudí está presente a lo largo de la obra pictórica de Dalí, desde los dibujos Eclides, elaborados entre 1930 y 1931, hasta el óleo Doble victoria de Gaudí, una de las últimas telas del pintor en 1982.

Casa Milà, arquitectura hecha escultura

Antoni Gaudí edificó La Pedrera, sede de la exposición Dalí y Gaudí, la revolución del sentimiento de originalidad, entre 1906 y 1910 para la familia Milà.

A Pere Milà le había gustado la casa Batlló y le encargó a Gaudí una casa de pisos de alquiler en un terreno de su propiedad. La mujer de Pere Milà, Rosario Segismón, nunca estuvo de acuerdo con los gustos estéticos del arquitecto de Reus, pero respetó la decisión de su marido y la decoración interior que había realizado Gaudí hasta la muerte del arquitecto en 1926. Fue en ese año cuando transformó el piso principal al estilo Luis XVI.

El edificio, la última obra civil de Gaudí antes de dedicarse por completo a la construcción de la Sagrada Familia, fue incluida por la Unesco en la lista de lugares Patrimonio de la Humanidad en 1984.