EDITORIAL

Los apremiantes retos de Zapatero

José Luis Rodríguez Zapatero llega a la presidencia aupado por 10,9 millones de votos, 2,8 millones más que los obtenidos por el PSOE en las elecciones de 2000. Y probablemente buena parte de estos nuevos votos han sido aportados por jóvenes que depositaban su papeleta por primera vez. Estudiantes, profesionales que aún están en los albores de su carrera, investigadores que malviven de beca en beca, administrativos o empleados del sector de servicios que, pese a tener vidas tan distintas, comparten inquietudes muy parecidas. El rechazo a la guerra en Irak, expresado masivamente en las calles el año pasado y refrendado en las urnas el domingo, la precariedad laboral y los problemas para acceder a la vivienda son, sin lugar a dudas, tres de las razones de peso que movilizaron el voto el 14-M. Y Zapatero está obligado a dar respuesta a estas inquietudes, expresadas por miles de jóvenes a las puertas de Ferraz la misma noche de las elecciones con un lema inédito: 'No nos falles'.

El Gobierno socialista tiene ante sí el reto de mantener los ejes de la estabilidad macroeconómica conseguidos durante las legislaturas del Partido Popular y, al mismo tiempo, responder a las demandas de millones de ciudadanos preocupados por problemas tan reales y cotidianos como el que se necesiten dos sueldos en cada casa para poder costear la hipoteca o el alquiler. La combinación de empleo precario y vivienda cara se ha convertido en un cóctel explosivo. Está retrasando sensiblemente la edad a la que los jóvenes se emancipan. Y está generando una sensación de frustración en una franja de población que no ve perspectivas de desarrollo personal, a pesar de contar con una buena formación y vivir en una de las economías más desarrolladas del mundo. El eslogan de 'España va bien', que tantos réditos políticos dio al presidente José María Aznar en las elecciones de 2000, resulta en estos momentos casi ofensivo para millones de ciudadanos que no entienden por qué a ellos les va tan mal si la economía crece y el presupuesto tiene superávit.

Zapatero ha empezado su andadura de presidente electo proponiendo la creación de un Ministerio de la Vivienda, que intentará poner coto a la espiral de precios potenciando el mercado de alquiler y la vivienda protegida. El líder socialista se ha puesto como objetivo que ninguna familia tenga que destinar más del 30% del salario a costear la compra de una casa. Y sabe bien que conseguirlo no será fácil, debido, entre otras cosas, a que las competencias en materia de ordenación del territorio, urbanismo y vivienda han sido transferidas a las comunidades autónomas. Además, buena parte del encarecimiento de la vivienda es achacado a la escasa disponibilidad de suelo urbanizable, un bien que distribuyen a goteo los ayuntamientos (de todo signo político). Sin embargo, el Ejecutivo central tiene margen de maniobra para incentivar directamente el alquiler y la VPO. También puede trabajar a favor de un pacto de Estado en materia de vivienda que sea suscrito por todas las comunidades. El camino no será fácil. Pero es esperanzador constatar que la vivienda está, efectivamente, en los primeros puestos de la lista de prioridades del nuevo Gobierno. Algo decisivo si no quiere defraudar a toda esa generación agrupada bajo el lema 'No nos falles'.