COLUMNA

Política exterior: lo primero es restablecer el consenso

Las elecciones, marcadas por la tragedia del atentado del jueves y la enorme respuesta ciudadana del viernes, están a punto de concluir cuando escribo estas líneas. La masacre vivida en Madrid hace aún más trascendente el futuro, porque una de las cuestiones que se presentan como prioritarias en la próxima legislatura es la necesidad de restablecer el consenso en nuestra política exterior. En principio, todos los partidos en sus programas electorales o declaraciones de sus líderes han manifestado su intención de hacer un esfuerzo para reconstruir un consenso básico en los grandes ejes de nuestra política exterior.

Las nuevas Cortes Generales se pondrán en marcha el próximo 2 de abril, y parte de la agenda política está ya programada y tendrá con seguridad un fuerte contenido interno. La reforma de los estatutos vasco, catalán y andaluz ocuparán sin duda la atención de los debates en el Congreso y en la opinión pública y es probable que consuman gran parte de la legislatura. Tengo la impresión de que se vivirán momentos difíciles que sólo se podrán superar con un alto grado de responsabilidad y recuperando en la medida de lo posible el tono y el lenguaje que utilizamos en la elaboración de la Constitución.

La política exterior puede beneficiarse de la recuperación de un consenso general en el Congreso, de modo que se pudiera compatibilizar un doble movimiento: el interno, reformando los estatutos con pleno respeto a la Constitución; el externo, rehaciendo un modelo de política exterior que cuente con un fuerte apoyo mayoritario de las fuerzas políticas, y sobre todo de la opinión pública española.

La solución de la posguerra iraquí será el punto de encuentro y de desencuentro sobre el que iniciar el debate la próxima legislatura. Todas las fuerzas políticas, excepto el PP, tienen claro que sin un liderazgo por Naciones Unidas en el proceso político para reconstruir Irak las tropas españolas deben regresar. El PSOE ha fijado incluso el límite del 1 de julio.

Es decir, el próximo Gobierno deberá en apenas un par de meses enfrentarse a esta cuestión que determinará en gran medida la voluntad política de intentar buscar soluciones de consenso para el resto de la legislatura. Tal vez hacia junio, habiéndose resuelto el calendario de la Constitución iraquí y con la eventualidad de una operación OTAN, pueda Naciones Unidas aceptar la responsabilidad de organizar las elecciones el año 2005. En este caso, se podría imaginar un consenso sobre soluciones intermedias, pero siempre y cuando quien dirija el proceso sea un delegado de Kofi Annan y no el representante del presidente Bush, el diplomático Paul Bremer. Que el mando militar continuara en manos de un general norteamericano me parece lógico si se llegara a esta solución intermedia.

Otro punto de encuentro o desencuentro se sitúa en el ámbito de la Constitución Europea. Cabe esperar que Aznar se retire aceptando una solución de compromiso en el próximo Consejo Europeo y no continúe con el bloqueo actual. Esto facilitaría las cosas al nuevo presidente de Gobierno y despejaría el camino para definir una política que permita a España enfrentarse, con una posición compartida por todos, a los efectos de la ampliación y al doloroso debate comunitario sobre las perspectivas financieras que, de no resolverse adecuadamente, pueden afectar seriamente a las cuentas del Reino de España.

El tercer punto de debate será la solución de las relaciones bilaterales y transatlánticas con EE UU. Es evidente que en esta cuestión el PP está solo y le resultara muy difícil mantener la opción personal de Aznar de un alineamiento sin fisuras con los intereses norteamericanos. Ayudarán a encontrar un punto de equilibrio las ya más próximas elecciones norteamericanas, porque la incertidumbre del resultado llevará a todos los partidos, incluyendo al PP, a adoptar posiciones de mayor prudencia hasta que se conozca el resultado.

Apostar la posición española dentro de las relaciones transatlánticas a la reelección de Bush o al triunfo de Kerry parece poco acertado. Mi opinión es que será mejor esperar al resultado de noviembre y aprovechar entretanto para dejar a un lado los excesos personales de Aznar. Ni Rajoy ni Zapatero tienen necesidad alguna de ponerse a hablar en cuate inmediatamente.

Resueltas estas tres cuestiones se podrá renovar el consenso en nuestro modelo de política exterior. Yo pertenezco a aquel grupo de españoles a los que nos gusta la palabra consenso. Estar de acuerdo en lo básico, en lo fundamental, es lo que hace grande de verdad a un país.

Diputado