TRIBUNA

Un motor de la competitividad

Los conceptos como ética, excelencia o sostenibilidad marcan la cuenta de resultados a comienzos de este siglo. Las empresas más reconocidas, tanto por los mercados como por la sociedad, son las que muestran compromiso más allá de la rentabilidad económica

De un tiempo a esta parte, el lenguaje de los líderes empresariales y de las organizaciones en general se ha visto inundado de términos como excelencia, valores, ética, códigos de conducta y otros similares que han pasado a formar parte del lenguaje cotidiano empresarial. En el mundo de las empresas se ha introducido una variable que impregna el funcionamiento e imagen de las mismas y a la que ya nadie puede sustraerse. Concretamente, desde que se conociera el caso Enron.

La reflexión que vale la pena hacer desde la dirección de las empresas, al observar estos acontecimientos con el paso de un tiempo prudencial, nos lleva a considerar factores como el hecho de que los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EE UU no afectaran decisivamente en las Bolsas; tampoco lo hizo la subida del precio del petróleo, y, sin embargo, la Bolsa cayó fulminada cuando se destaparon los escándalos mencionados. æpermil;ste es un indicador clarísimo de por dónde caminan las sensibilidades de accionistas y consumidores; de por dónde, realmente, se encamina el mercado. Es evidente que la ética ya no es un lujo para las empresas. Esos conceptos como ética, excelencia, sostenibilidad… marcan directamente la cuenta de resultados a comienzos de este siglo. Las empresas más reconocidas, tanto por los mercados como por la sociedad en general, son las que muestran un compromiso que va más allá de su rentabilidad económica, y en ese sentido hay pocos reconocimientos que lo certifican como es el caso del Sello de Excelencia Europea.

Presidente del Grupo Siemens España y del Club Gestión de Calidad

Como presidente del Club Gestión de Calidad, organización certificada como Nivel de Excelencia Europea, Consolidación, Sello Plata de Excelencia Europea, y del Grupo Siemens España, una de las diez organizaciones Sello Oro en España, apuesto firmemente por los sistemas de gestión que apuestan por la excelencia.

En ese sentido, siempre he aplicado en las organizaciones que he dirigido el Modelo EFQM de Excelencia, que engloba la empresa de una manera global incluyendo aspectos como sus valores o su repercusión en la sociedad y, además, permite medirse y compararse con otras compañías. El reconocimiento a esa forma de gestionar es ese Sello de Excelencia Europea, que supone, entre otros muchos aspectos, un reconocimiento a los retos, a la innovación y al compromiso social; un reconocimiento al que se están sumando de forma general las organizaciones españolas que han entendido que operan en un mercado global donde las corrientes empresariales trascienden las fronteras y donde es importante un reconocimiento que también te dé un alcance internacional además de prestigioso.

En esa corriente tan actual que engloba a muchos departamentos, como podrían ser desde los de Estrategia hasta los de la Marca e Imagen, Responsabilidad Social Corporativa o Financiero, pueden surgir voces que cuestionen si no se trata más que de una simple moda; si no se trata de ser éticos por moda, por necesidad o por compromiso. Realmente creo que sería frivolizar plantear este asunto en esos términos.

Lo que ocurre es que en la vida de las compañías surgen fenómenos, como en su día fue el de la calidad total, que brotan de manera muy intensa, y después pasan en el tiempo, se interiorizan y se permeabilizan. Cuando se pase esta corriente que vivimos en la actualidad, comprobaremos que será un fenómeno que se irá deshelando para pasar a formar parte del acervo cotidiano de las compañías. Ahora parece un tema fundamental que hay que tener en cuenta y, dentro de un tiempo, lo seguirá siendo, pero ya de un modo integrado en todo el engranaje de la empresa, con menos protagonismo.

Además, somos empresarios y al fin y al cabo trabajar en la Responsabilidad Social Corporativa o en Sostenibilidad es rentable para nuestras empresas. No se trata de ser altruista; cuanto más sostenible, más excelente y más ético seas, más competitivo serás. En ese sentido, un reconocimiento como el Sello de Excelencia Europeo no hace más que impulsar esa competitividad.