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Tribuna
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Una economía de bazar

Aunque la mejora de la coyuntura llegue, las revoluciones que se aprecian en el panorama industrial alemán desde la mitad de los noventa seguirán existiendo en cantidad amenazadora. La deslocalización (offshoring) y la contratación de servicios externos (outsourcing) siguen siendo los métodos empleados para compensar las debilidades del mercado alemán. Desde hace tiempo, la gran industria germana ha aumentado sus lazos con Asia para beneficiarse de los bajos costes laborales y suministrar desde allí productos a todo el mundo. Ahora, las pequeñas y medianas empresas aumentan sus contactos con Europa del Este. Esta zona también ofrece bajos costes laborales pero, además, está cerca de Alemania y pertenece a su mismo círculo cultural. Junto a ello, la crisis de transformación de las antiguas economías comunistas ya ha sido superada y se han logrado sistemas legales estables. Un buen número de estos países entrará en breve en la UE.

La lista de empresas que se trasladan a Europa del Este es larga. Casi un 60% de las compañías con menos de 5.000 trabajadores encuestadas por el instituto IFO cuentan ya con sedes fuera de la UE. Estas firmas no suelen abandonar Alemania por completo y mantienen una sede para seguir atendiendo a sus clientes desde aquí. Sin embargo, cada vez trasladan más partes de sus procesos productivos al Este. En algunos casos invierten en la zona y en otros compran productos intermedios a otras empresas con filiales en la región.

Los reducidos salarios de los europeos del Este son demasiado atractivos para resistirse y a ello hay que añadir que en Asia y otros lugares son todavía más bajos. Los sueldos de los trabajadores industriales en los futuros países miembros de la UE equivalen a un tercio de los de Alemania occidental, en el caso de Eslovenia, y a una décima parte, en el caso de Estonia. En Polonia, el país más grande, corresponden a una cuarta parte. En las diferencias salariales no habrá cambios rápidos. Pese al veloz proceso de convergencia, se espera que los costes salariales por hora de un trabajador polaco del sector industrial sigan equivaliendo a un tercio de los de un obrero de Alemania occidental en 2010 y a la mitad en 2020. No es extraño que muchas empresas aprovechen esas ventajas. Según un estudio del Bundesbank, las compañías alemanas habían creado hasta 2000 un total de 2,4 millones de empleos fuera de Alemania.

La marca 'made in Germany' se está convirtiendo en una etiqueta engañosa, pues sólo el montaje final de muchos productos se realiza en Alemania

Las firmas que no siguen este juego se arriesgan a desaparecer. El número de quiebras de empresas germanas bate un récord tras otro. En Alemania, hoy hay tres veces más quiebras que hace diez años y cinco veces más que hace un cuarto de siglo. Debido al alto número de insolvencias, los bancos se encuentran en una grave crisis de la que sólo logran salir con mucho esfuerzo.

Las estadísticas del sector industrial nos muestran lo atractivo que es superar la crisis del mercado alemán mediante outsourcing. Aunque la producción industrial alemana creció un 15% entre 1995 y 2003, el valor añadido real aumentó en el mismo periodo sólo un 5%. Dos tercios del crecimiento de la producción industrial alemana desde la mitad de los noventa se deben a la práctica de outsourcing en países con salarios más bajos, mientras que un tercio se debe al aumento del valor añadido.

Esto puede resultar confuso, pero es necesario distinguir entre la competitividad de la industria alemana y la de sus trabajadores. Aunque las empresas germanas han logrado mantener su competitividad en los mercados internacionales gracias a sus vecinos europeos, los trabajadores alemanes del sector ya no son competitivos. El empleo en el sector industrial se redujo en el mismo periodo un 10%, sin que se crearan los nuevos puestos de trabajo equivalentes. El desempleo ascendió en 2003 a 4,5 millones de personas. 4,5 millones de personas ya no son competitivas en Alemania.

Incluso la exportación ha dejado de ser una escala para medir la competitividad alemana. Gracias al outsourcing hacia Europa del Este, la industria alemana puede presumir de sus productos en el mercado internacional y mostrar unas estadísticas de exportación satisfactorias. El automóvil Audi, cuyo motor se fabrica en Hungría, queda reflejado en las estadísticas con todo su valor. La marca made in Germany se está convirtiendo en una etiqueta engañosa, pues sólo el montaje final de muchos productos se realiza en Alemania.

Este país avanza hacia una economía de bazar, que abastece al mundo con productos valiosos y a buen precio, pero que ya no se producen dentro de sus fronteras.

Presidente del Instituto Alemán para la Investigación Económica (IFO)

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