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Ser feliz, un arte que se aprende

Por qué hay gente que disfruta de la vida y otra que tiende a hundirse en la insatisfacción? ¿Es posible aplicar mecanismos que ayuden a ver la vida de forma más positiva y ser más felices? Estas cuestiones, dignas de un manual de autoayuda, constituyen el eje del movimiento de psicología positiva. Una tendencia que predica algo tan obvio, y tan difícil al mismo tiempo, como que el optimismo es un arma infalible contra la infelicidad.

En una reciente reunión organizada por la Royal Society en Londres algunos de los exponentes de esta tendencia hablaron de la ciencia del bienestar y de las rutas hacia una vida más feliz. Uno de los participantes fue Martin Seligman, creador del movimiento, que cuenta con unos fondos de 25 millones de euros para sus investigaciones.

Seligman cree que la psicología y la neurociencia andan errantes, ya que se dedican casi exclusivamente a estudiar qué provoca la enfermedad mental y la depresión y han hecho poco por saber qué es lo que hace que la gente se sienta bien y feliz. Este conocimiento, dice, es importante. 'Podemos extraer información valiosa de las personas que llevan su vida con optimismo y energía positiva para establecer patrones de conducta e intentar aplicar la experiencia en la lucha contra la depresión'.

Este movimiento cree que el optimismo puede aprenderse, que podemos autoeducarnos para ver la botella medio llena. Lo único que hay que hacer es pensar en lo que va bien en nuestras vidas en vez de rumiar sobre lo que ha ido mal, señala Nick Balys, profesor de la Universidad de Cambridge. Una de las causas de depresión, dice, es obsesionarse con experiencias negativas. 'Identificar nuestros puntos fuertes y apreciar las cosas buenas de la vida ayuda a construir un escudo contra la infelicidad'.

Más sanos

Las personas felices son más populares y tienen mejor salud, viven más y son más productivas. 'Si eres positivo y piensas que la vida va a ir mejor, al final se convierte en una profecía, en una fuerza que te empuja a hacer las cosas con más ganas y a cuidarte más', según el profesor. Para Balys las más ricas fuentes de felicidad vienen de la construcción de sólidas relaciones de amistad y amor. Y también de un mayor conocimiento de nuestras habilidades y del entorno.

Los críticos acusan a esta corriente de no tener en cuenta que tras la infelicidad hay problemas que necesitan ser resueltos. Seligman cree que la psicología positiva no intenta reemplazar otras formas de terapia, que es complementaria y un instrumento para ayudar a contrarrestar los sentimientos negativos.

Las tres vías del bienestar

La vida placentera

El padre de la psicología positiva, Martin Seligman, establece tres fases para lograr bienestar. Una de ellas es la que denomina la vida placentera (pleasant life), que se obtiene a través de placeres sensuales como el sexo, la comida y la bebida. Seligman cree que estos placeres hacen la vida más agradable pero no proporcionan una felicidad duradera.

La vida buena

Al segundo nivel (the good life) se llega realizando actividades en las que se tiene talento. La clave reside, dice Seligman, en identificar nuestras fortalezas y cualidades y ponerlas en práctica en el trabajo o en el ocio. Escribir, poner en marcha proyectos... Provoca bienestar porque supone un desafío a nosotros mismos.

La vida significativa

La tercera fase para lograr el bienestar, the meaningful life, es el estado de felicidad más duradera y se logra dotando de significado a nuestras vidas. ¿Cómo? Seligman dice que al ayudar a los demás a través del voluntariado, la religión o el compromiso político, nos damos cuenta de que hay algo superior y más importante que nosotros mismos.

Expectativas al estilo Hollywood

El psicólogo Oliver James, autor del libro They fuck you up, opina que la mayoría de la gente del llamado mundo civilizado no es hoy más feliz que en la década de los cincuenta. 'El típico individuo de 25 años de hoy tiene entre tres y cinco veces más probabilidades de sufrir una depresión grave'. James dice que una vez alcanzado un cierto nivel de ingresos, el aumento de riqueza no provoca mayor felicidad sino al contrario.

Las razones están en las expectativas irreales que la gente se fabrica y que están influenciadas en muchos casos por el mundo de la publicidad y de Hollywood. 'Tener unas perspectivas desmesuradas de lo que es la existencia puede hacerte extremadamente infeliz'.

Randolph Nesse, profesor de Psicología Evolutiva en la Universidad de Michigan, opina que el consumismo actual está creando una epidemia de infelicidad entre aquellos que son incapaces de darse cuenta de que ciertas cosas son inalcanzables. 'Tener metas irreales es una de las plagas de la sociedad moderna y una de las principales causas de depresión', explica.

El mensaje de Nesse parece ser: mantenga un perfil bajo y no aspire a demasiado, un objetivo no muy alegre que digamos.

Lewis Wolpert, profesor de Biología de la Universidad de Londres, dice que desconfía de la gente que parece demasiado feliz y que un cierto nivel de malestar es necesario para que el mundo siga en movimiento. Después de todo, ¿qué habría sido de la humanidad sin los grandes sueños imposibles?