Lealtad, 1

Rabiosa rotación de carteras

Los gestores no descansan. En contra de lo pronosticado por algunos gurús hace unas semanas, el año aún tiene mucho que decir en términos de rentabilidad bursátil. El encadenamiento de máximos anuales hace prever un final de ejercicio intenso. Este sentimiento está avalado por el trasiego de fondos desde unas carteras a otras y ha elevado el volumen de negocio hasta cimas históricas.

Restan tres días hábiles para que 2003 diga adiós en términos bursátiles. Lo normal es que se intensifiquen las operaciones especiales y las aplicaciones a cambio convenido. Es lo que sucede en lo que va de mes. Ha cogido por sorpresa, además, a un puñado importante de operadores, gestores y analistas.

Lo interesante ahora es averiguar por qué los expertos y responsables de fondos y de administración de patrimonios, lejos de prestar atención a los telepredicadores, han aumentado sus posiciones en la renta variable en un movimiento jaleado por los grandes bancos de inversión estadounidenses.

Cuentan los expertos en los cenáculos que los últimos datos de actividad económica tanto en Estados Unidos como en Europa y Asia alimentan la expectativa de mayores crecimientos para el año que viene, porque a los datos concretos se une una mejora en la calidad de las previsiones de empresarios y consumidores. Del mismo modo que la recesión económica y el empeoramiento del sentimiento de inversores, gestores, empresarios y consumidores trajeron los barros del estallido de la burbuja de los tecnológicos, los nuevos vientos de animación trasladan los índices a mejores cotas, a la búsqueda de acomodos confortables.

Bolsa y crecimiento económico van parejos. Es lo que figura en los manuales de inversión y, como nota curiosa, uno de los escasos apuntes que sigue vivo con el paso del tiempo en los libros. Los que siguen de cerca los movimientos de la Bolsa conocen que los manuales de nuevo cuño envejecen con rapidez, porque los mercados crecen y se desarrollan a mayor velocidad. Lo único que se mantiene indeleble es la sincronía de los ciclos económicos y bursátiles. La mejora económica se traduce, desde siempre, en mejora de las cotizaciones, sin que el alza de los tipos, inherente a todo proceso de bonanza económica, tenga un efecto tan pernicioso como algunos pregonan.

En la recta final de 2003 se produce un trasiego espectacular de fondos porque mejoran las cifras de actividad y las expectativas. Algunos consideran que se trata de un caso más de anticipación al tradicional efecto enero, pero eso no está demostrado. Resulta más creíble la tesis de que la rotación de carteras esconde estrategias fiscales y contables con la mirada puesta en 2004.