Lealtad, 1

La prima de Sadam no es la de Bin Laden

La traca descontrolada del martes, todo por culpa de los especialistas en fuegos artificiales, copa el interés de los foros bursátiles y financieros. Concurrieron en la celebración de la captura del dictador iraquí asuntos de especial interés para los profesionales. Primero fue el arranque de toro embravecido; a continuación, la parada de mula torda, para cerrar los índices, al final, desalentados. Fue el lunes un día caótico, con movimientos de ida y de vuelta y sabor amargo, el de la hiel de la derrota de los especuladores a corto.

Pocas horas después, alcistas y bajistas, en ese pulso tenso que mantienen desde hace cuatro semanas, sin que unos y otros den a torcer el brazo, lanzan sus proyecciones y réplicas, por qué sucedió una cosa y no otra. Se trata, en cualquier caso, de ver la situación a toro pasado, que otra cosa es librar una faena brillante con los morlacos de la Bolsa. Los alcistas insisten en que los índices marcaron máximos y los bajistas que hay miedo a las alturas, lo que explica la espantada de los índices ese día.

Quienes se caracterizan por mantener posturas equilibradas desde siempre, algo que escasea precisamente en las Bolsas por el marcado cariz especulativo de éstas, consideran que la captura de Sadam Husein sólo arroja luces a largo plazo: en Irak la resistencia se desmoralizará progresivamente y Estados Unidos destinará menos dinero a esta causa, lo que contribuiría a mejorar el déficit que tanto asusta a los mercados de divisas.

A corto y medio plazo, la incertidumbre es la misma, porque el terrorismo no cederá por el apresamiento del ex presidente iraquí. O lo que es lo mismo, el acoso y captura de Sadam Husein no ha tenido la misma prima de riesgo que la que existe en la actualidad respecto a posibles nuevos ataques de los terroristas que auspicia y protege Bin Laden.

Hay más. La prima de riesgo de Sadam ha ido diluyéndose desde el 9 de abril cuando las tropas multinacionales entraron en Bagdad y aumentando la de Bin Laden, como se ha visto durante los últimos meses, con continuas alertas en los mercados.

Hay situaciones, no obstante, en que la visceralidad se manifiesta en estado puro y mueve por sí misma los índices. Hay momentos de euforia y de pánico, situaciones de rebaño inherentes al comportamiento del inversor como animal bolsista. Por eso, rasgarse las vestiduras por la falta de tino en las apreciaciones concretas, en este caso la captura de Sadam Husein, no es justificable. Las Bolsas están llenas de casos de propósitos de enmienda y de despropósitos gigantescos a continuación.

Lo interesante, de cualquier modo, es ese litigio particular entre alcistas del mercado y bajistas en este desenlace final de 2003. mromero@cincodias.es