Lealtad, 1

Sadam y la homilía del domingo

Hay clérigos y predicadores que utilizan la tecnología disponibles para enviar a los creyentes el mensaje dominical, la homilía que citan los católicos, entre otros. No es necesario acudir ya a los templos para escuchar al oficiante. El correo electrónico, la radio o la televisión sirven de vehículos transmisores del pensamiento religioso. La plática del domingo fue interrumpida en muchos foros para anunciar la buena nueva. 'Lo tenemos', dijo Paul Bremer. Sadam Husein había sido capturado.

En la Bolsa también abundan los telepredicadores, agitadores y especies concretas que animan a los participantes a comprar o vender. La recomendación más extendida en las cuatro últimas semanas ha sido la de hacer las maletas, dar carpetazo por anticipado por la buena cosecha que algunos han podido almacenar desde los mínimos de marzo.

La captura de Sadam ha servido para denunciar juicios tan apresurados, máxime en un mercado dinámico como la Bolsa que está obligada a abrir y cerrar sus puertas todos los días. El comienzo o el fin del año son meros apuntes contables en el tiempo que no sirven para nada. Sólo la agresividad del operador a corto plazo, el especulador intradía, podría aconsejar estos distingos, pero la personalidad de éstos lo impide con frecuencia porque cada día hacen y deshacen posiciones, algo así como estrenar el año y tomar las uvas en la misma sesión.

Las homilías, tanto las religiosas como las bursátiles y financieras, suelen abundar en el sentimiento de los creyentes. La captura de Sadam ha recalcado que los mercados son, con harta frecuencia, psicología y sentimientos en estado puro, sin que el entorno logre modificar sus creencias y convicciones.

En este 2003, que cada vez cuenta con menos sesiones hábiles a efectos bursátiles, se han vivido situaciones similares a las de ayer. La diferencia estriba en la dimensión de las diferentes sobrerreacciones. Hasta el 3 de marzo el sentimiento era negativo y provocó un mínimo del año en el Ibex en 5.500 puntos. La euforia no se pudo contener el 9 de abril, cuando las tropas multinacionales entraron en Bagdad. Desde entonces el movimiento ha sido el propio de una serpiente, muy sinuoso pero buscando escalones al alza.

Dar por finalizado un ciclo en la Bolsa resulta, por tanto, peligroso y siempre desaconsejable. La globalización de los mercados exige disciplina diaria a inversores, gestores y profesionales de la inversión, porque el factor sorpresa es el que nutre las carteras de plusvalías o fracasos. La captura de Sadam ha propiciado una recta final del año lucida y, en cualquier caso, merecedora de atención por alcistas y bajistas.