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Editorial

Cada vez menos productivos

Nos proponemos convertir a Europa en la economía más dinámica y competitiva del mundo'. Este ambicioso objetivo, enunciado como colofón de la Cumbre Europea de Lisboa del año 2000, está cada día más lejos de cumplirse. Según un informe sobre productividad y competitividad elaborado por encargo de la Comisión Europea, el 80% de los sectores industriales europeos han visto caer su ritmo de aumento de productividad desde mediados de los años noventa. España está en el furgón de cola europeo, pero son Alemania e Italia las que más han contribuido a desacelerar el aumento de la producción por hora de trabajo.

Mientras Europa pierde fuelle, más de la mitad de las industrias de Estados Unidos registraron avances, a pesar de que el país cayó oficialmente en recesión en 2001. La economía estadounidense sigue ganando terreno año a año, y no sólo en el sector de nuevas tecnologías, sino también en industrias auxiliares y del sector de servicios como la banca y la distribución comercial.

Los cimientos de la mayor eficiencia de Estados Unidos son harto conocidos: mayor inversión en investigación y desarrollo (más del 2,8% del PIB, frente a poco más del 1,9% en la UE), mayores sinergias entre la universidad y la empresa, mejor aprovechamiento de las nuevas tecnologías de la información en todo tipo de industrias y más flexibilidad regulatoria; no sólo en materia de legislación laboral, sino también en la regulación de las propias industrias.

Se agranda, pues, la brecha que separa a ambas economías. Y todo apunta a que la tendencia se mantendrá en el futuro, a menos que los líderes europeos dejen a un lado las frases grandilocuentes y se pongan realmente a trabajar en serio en esta asignatura pendiente.

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