España se juega su poder político y económico en la Unión Europea
José María Aznar se enfrenta a partir de hoy a su último gran duelo europeo como presidente del Gobierno. En juego, la capacidad de influencia de España en una Unión Europea de 25 miembros, muy alejada de aquella de 12 a la que se incorporó en 1986.
Los rivales son de enorme envergadura: el canciller alemán, Gerhard Schröder, y el presidente francés, Jaques Chirac, que cuentan con el apoyo casi unánime de los socios comunitarios, más la Comisión Europea, para introducir en el órgano de dirección de la Unión un sistema de voto basado en el peso demográfico de cada país.
La Convención que durante 15 meses preparó el proyecto de Constitución europea, y en la que España contó con una presencia privilegiada por coincidir con su presidencia semestral de la UE, propuso ese cambio para mejorar la 'transparencia y eficacia' en la gestión de la Unión, poniendo fin al tradicional esquema de ponderación del voto de cada país.
España ya ha perdido un comisario y 14 de los 67 parlamentarios
España recela del nuevo modelo, porque deja casi intacto su peso en el Consejo de Ministros de la Unión Europea mientras dobla el de países como Alemania. 'Con el sistema de doble mayoría previsto en la Constitución de población y de Estados, la posibilidad de alianzas en la Unión se restringe a las que lideren los países grandes', se quejan fuentes diplomáticas españolas.
Aznar llega a la cumbre europea de hoy en Bruselas con Polonia como único apoyo incondicional. La solidaridad expresada por Reino Unido, país al que beneficia el nuevo sistema de voto, parece más táctica que sincera. E Italia, que preside la Unión este semestre, no ha hecho alarde durante su mandato de la neutralidad propia de esa responsabilidad.
La máxima prioridad de Silvio Berlusconi es rematar un texto que herede el título fundacional del Tratado de Roma firmado en 1956.
Posibilidad del veto
La estrategia de José María Aznar se basa en aferrarse al actual reparto de votos y esperar a que sus contrincantes o la presidencia italiana inicien las ofertas. Su arma es una posibilidad de veto que, a juicio de fuentes españolas, 'merece la pena blandirla ante la importancia del envite'. El desgaste político de tal opción, sin embargo, parece insostenible incluso para un líder en retirada.
España cuenta, además, con la baza de ser uno de los cuatro miembros de la Unión Europea que ya ha prometido un referéndum sobre el texto que se intentará pactar entre hoy y mañana en Bruselas.
Aznar puede exigir a sus homólogos contrapartidas que permitan una victoria del sí a la Constitución, pues un tropiezo en el proceso de ratificación podría abocar a mantener el actual sistema de voto.
Pero a pesar de estas bazas, la cita sorprende a España en uno de los momentos más delicados de su relación con la Unión.
Aznar se alejó durante la crisis de Irak del eje franco-alemán y la reciente suspensión del Pacto de Estabilidad ha agriado aún más las relaciones. Y un retraso en el acuerdo sobre la Constitución, podría mezclar el debate con la negociación, a partir del año que viene, de los futuros fondos comunitarios.
alternativas Cuatro fórmulas posibles para buscar el acuerdo Modificar los umbrales de voto Aplazar la aplicación El reequilibrio con otras instituciones Una tercera llave para la mayoría
El proyecto de Constitución europea estipula que los acuerdos de la Unión deberán aprobarse en el Consejo con el voto favorable de al menos el 50% de los Estados, siempre que representen, como mínimo, al 60% de la población. España puede pedir que se eleve el segundo porcentaje para aumentar sus posibilidades de frenar una propuesta incómoda.La modificación del sistema de voto prevista en la Constitución debería entrar en vigor en 2009. La presidencia italiana parece dispuesta a tentar a España con un retraso hasta 2013, a condición de que Madrid suscriba mañana el tratado. España se niega a admitir ese automatismo y querría condicionar la aplicación del sistema a un nuevo voto a la unanimidad.La pérdida de influencia de España en el Consejo de Ministros podría intentar compensarse con escaños en el Parlamento Europeo o el derecho a un segundo puesto en la Comisión Europea. La primera posibilidad obligaría a renegociar el número de escaños con todos los países; la segunda llevaría a que el resto de los países grandes también exigiesen otro comisario.La doble mayoría (de Estados y población) que, según la Constitución, sería necesaria para aprobar un acuerdo podría completarse con una tercera llave (a partir de los votos con que cuenta ahora cada país) que satisfaga los intereses de España. Solución rocambolesca, pero en línea con la tradición comunitaria. El instituto de estudios CER la apunta como posible.
El imparable declive de la influencia española en la Unión
La adhesión a la UE en 1986 deparó a España una capacidad de influencia similar a la de los cuatro socios más grandes (Alemania, Francia, Reino Unido e Italia): ocho votos en el Consejo de Ministros, sólo dos menos que esos países. Gozó del derecho a dos puestos en la Comisión. En el Parlamento copó 64 escaños, más del 10%. En 1997 José María Aznar resistió en Amsterdam el primer intento de diezmar el poder de España. Pero en 2000, en Niza, el Gobierno sacrificó algunos logros para preservar el peso en el Consejo de Ministros, máximo órgano de la UE (27 votos por 29 de los grandes). Perdió 14 parlamentarios, quedándose con menos del 7%, y renunciaba a un comisario.