Bolsa

Los analistas acertaron en 2003

Dicen los analistas, con cierta sorna, que si supieran exactamente lo que va a hacer la Bolsa no estarían trabajando. No obstante, su trabajo tiene un componente importante de adivinación, obviamente no tanto por su capacidad para ver el futuro como por las perspectivas basadas en los datos presentes y los indicadores que ofrece el mercado. Al contrario que los tres años anteriores, 2003 ha sido un ejercicio de aciertos. Buena parte de las predicciones que se hicieron a finales del año pasado se están cumpliendo y el Ibex se encuentra -a falta de tres semanas para que finalice el año- muy cerca de los niveles que anticiparon muchas casas de análisis.

'Habíamos previsto un año menos brillante de lo que finalmente ha sido', reconoce Josep Palet, subdirector general de Sabadell Banca Privada. La opinión es coincidente con la de muchos expertos, que sin embargo matizan que existen todavía dudas en el mercado derivadas de ciertos desequilibrios que deben ser corregidos, como el déficit estadounidense o el crecimiento de las empresas vía aumento de las ventas.

De lo que no cabe duda es de que a finales del año pasado las previsiones fueron moderadamente optimistas, lo cual tiene su razón de ser porque no se realizaron precisamente en un momento óptimo. De un lado, los tambores de guerra en Irak daban por seguro un conflicto bélico inminente. Del otro, las economías latinoamericanas destilaban incertidumbre por los cuatro costados ante la llegada de Luiz Inácio Lula da Silva a la presidencia brasileña. Tres años de caídas en las Bolsas, además, pesaban en el ánimo de los expertos a la hora de aventurar perspectivas.

Pero el caso es que poco a poco se fueron disipando las dudas y las Bolsas iniciaron un repunte que ha acercado el Ibex a la zona que, de media, vaticinaron en diciembre las casas de análisis. Entre medias, una guerra en Irak, una epidemia de neumonía en Asia y muchas dudas sobre la recuperación.

El índice español cerró ayer a 7.348 puntos, con una ganancia desde enero del 21,7%. El consenso de los analistas situaba entonces el indicador a finales de 2003 en 7.577 puntos, un 3,11% por encima de la cota actual. A falta todavía de varias semanas para el final del ejercicio, y si se produjera el clásico rally de final de año, un ascenso hasta este punto entra dentro de lo posible, aunque no de lo probable para la mayoría de analistas, que ya dan por cerrado el ejercicio y calculan que el Ibex cerrará el año en torno a los 7.300 puntos.

Como en todo, sin embargo, ha habido quien se ha acercado más a los niveles del Ibex y quien se ha acercado menos. La horquilla oscila entre los más cautelosos, como BNP Paribas o HSBC, que situaban el índice alrededor de los 6.700 puntos, y los más optimistas, como Barclays o Consors, que fijaron un objetivo cercano a los 8.200 puntos. 'Hemos comprobado que el moderado optimismo que expresábamos hace un año estaba bastante fundado', explicaba recientemente Ismael Picón, consejero delegado de Santander Central Hispano Gestión de Activos. 'Dijimos que las Bolsas podrían crecer en torno a un 15% y lo han superado', añade.

Buena parte de los valores del Ibex acumulan ganancias desde enero, lo cual ha favorecido la evolución de las carteras que propusieron los analistas a finales de año. A estas alturas, tan sólo dos valores del Ibex se encuentran en pérdidas, pero un de ellos, Gas Natural, estaba presente en numerosas carteras en diciembre del año pasado. El resto, donde abundan eléctricas y constructoras, ha recogido ganancias que oscilan entre el 10% y el 60%.

Sin duda la mejor apuesta ha sido la de Sogecable, cuyas acciones se dispararon este año hasta ganar un 196%, una vez que se despejaron las incógnitas legales para la fusión de las plataformas digitales. El valor formaba parte de muchas de las carteras propuestas a finales de 2002. Gamesa, Sol Meliá y Enagás han sido también apuestas acertadas, con ganancias que oscilan entre el 40% y el 60%.

Las carteras propuestas en enero reflejan exactamente el sentimiento inversor por aquel entonces. Se componían básicamente de valores cíclicos y de crecimiento en combinación con compañías de corte más defensivo. Telefónica por ejemplo, presente en casi todas las carteras, es una muestra del sesgo más optimista, que ha dado como resultado una ganancia cercana al 35%. En el otro extremo se han dado casos decepcionantes, como el de Zeltia, valor por el que apostaban numerosos bancos de inversión y que sufrió en su cotización el rechazo para la comercialización de su fármaco anticancerígeno Yondelis.

'Es difícil comparar la imagen fija de aquella cartera con la de ahora', sostiene Natalia Aguirre, jefa de análisis de Renta 4. 'Nuestra cartera varía prácticamente todas las semanas'. Este es un aspecto en el que abundan los analistas: las carteras propuestas a finales del año pasado se hicieron en un momento concreto con unas condiciones de mercado determinadas. 'Lo importante para una buena gestión es el día a día', afirma Josep Palet. 'Suele suceder que en 15 días nuestra cartera haya variado bastante, aunque es cierto que las carteras que publicamos en diciembre han ido bastante bien'.

Los analistas acertaron de pleno en varios aspectos y fallaron en algunos otros. 'Ha sido un año de crecimiento dispar', sostiene Natalia Aguirre. 'La aceleración se ha dado sobre todo en Estados Unidos, gracias al estímulo fiscal y monetario. Se ha convertido en el motor del crecimiento, tal y como sostuvimos'. Otro acierto se produjo en las perspectivas sobre la inflación baja y los tipos de interés. Para 2003 los analistas dibujaron un entorno de tipos bajos y así ha sido. Las alzas de manos de los bancos centrales se esperan para algún momento del año que viene.

También acertaron los expertos al describir el tempo de la recuperación. El primer trimestre se vaticinó lleno de incertidumbre y volatilidad, pero se apostó por una recuperación de las Bolsas una vez se redujera la prima de riesgo generada por la guerra de Irak. El 12 de marzo de 2003 las Bolsas tocaban los mínimos del año para iniciar a continuación un fuerte repunte bastante sostenido que ha llevado a los mercados a máximos del año. El fallo en las previsiones se dio en Europa. Los analistas esperaban que la recuperación comenzara antes de lo que lo ha hecho. El crecimiento de la zona euro ha repuntado tímidamente en el tercer trimestre.

La subida de la Bolsa ha sido bien acogida, como no podía ser de otra manera. Pero la cautela de comienzos de año se mantiene aún hoy, a pesar de que las ganancias en la renta variable han sido superiores a lo que muchos esperaban. 'Se ha producido un crecimiento desequilibrado en muchos aspectos', afirma Palet, de Sabadell Banca Privada. 'El déficit por cuenta corriente de Estados Unidos es elevadísimo, por ejemplo. Lo mejor hubiera sido que la recesión saneara estos desequilibrios, pero ha sucedido lo contrario, con lo cual se trata de una recuperación débil'. Muchos expertos destacan que la Bolsa estadounidense cotiza a 30 veces los beneficios previstos de las compañías, lo que significa que históricamente está cara.

La media de las previsiones situaba el Ibex 35 en 7.577 puntos a finales de 2003. El índice, de momento, se ha quedado un 3,11% por debajo de ese nivel

A probado en dólar, suspenso en petróleo

El dólar y el petróleo han sido dos de las mayores preocupaciones con las que ha tenido que lidiar el mercado a lo largo de 2003. Los analistas se han pasado el año realizando previsiones para ambos a medida que avanzaban los acontecimientos, muchos de ellos imprevisibles.

La apreciación del euro frente al dólar ha sido el aspecto en el que en mayor medida las casas de análisis han dado en el clavo. El enorme déficit comercial del país americano y una política nacional favorable a la depreciación han elevado el euro hasta cotas históricamente desconocidas, en torno a 1,20 dólares. Los analistas previeron estos niveles en los primeros compases del año, e incluso más allá. Un informe de Merrill Lynch de hace apenas tres meses sitúa el euro en 1,33 dólares de cara a finales de 2004.

Los niveles del dólar frente al euro preocupan por el impacto negativo que puede tener sobre los exportadores europeos y, en consecuencia, sobre el crecimiento de la zona euro.

La evolución del precio del petróleo ha sido más difícil de prever. La incertidumbre previa a la guerra de Irak disparó el precio del barril de brent por encima de los 34 euros. Los analistas preveían entonces una caída drástica una vez que comenzara la guerra. Y así fue, pero no duró mucho. Iniciado el ataque estadounidense, el barril cayó en picado hasta poco más de los 24 euros, e incluso se situó en 23 euros una vez finalizada la guerra.

Desde principios de mayo, sin embargo, inició una nueva escalada que le ha llevado hasta la cota de los 31 dólares. No contaban los analistas con una huelga en Nigeria, uno de los mayores productores del mundo, las incertidumbres políticas en Venezuela, la acelerada demanda en China, los recortes de la producción por parte de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y la destrucción de las infraestructuras iraquíes, que han obligado a posponer la extracción de crudo más allá de lo esperado en un primer momento.

La burbuja de los bonos divide a los expertos

La renta fija ha traído de cabeza a los expertos a lo largo de todo el ejercicio. El escenario de moderado optimismo que vaticinaban a comienzos de año indicaba una subida sostenida de las Bolsas que debería generar un flujo desde los mercados de renta fija hacia los de renta variable, con el consiguiente descenso del precio de los bonos.

Sin embargo, la aversión al riesgo de los inversores se ha mantenido en cotas muy elevadas a lo largo de todo 2003, con el añadido de la guerra de Irak, que no hacía muy recomendable la inversión en renta variable. Como consecuencia, a lo largo del primer semestre de 2003 se produjeron inversiones masivas en renta fija pública que llevaron el rendimiento de los bonos a mínimos cercanos al 3%.

Los analistas, divididos, comenzaron entonces a hacer presagios en torno a lo que podía acontecer en el mercado de renta fija. Unos, los más agoreros, advertían de que se estaba creando una burbuja en este mercado que podría provocar una debacle en caso de que los capitales invertidos en él rotaran de manera brusca hacia activos bursátiles.

Otros, más reposados, descartaban la formación de una burbuja y apostaban por una subida paulatina de los tipos de los bonos. De momento ha sucedido lo último. Pero en lo que coinciden todos los analistas es en que el atractivo de la renta fija a largo plazo es limitado y auguran pérdidas una vez comiencen a subir los tipos oficiales.