EDITORIAL

Déficit público y carreteras

El Ministerio de Fomento ha ideado una ingeniosa fórmula para financiar el arreglo y mantenimiento de las autovías más antiguas, que le permitirá diluir los pagos a lo largo de 20 años sin originar quebranto al déficit cero. El artificio contable, que al parecer es visto con buenos ojos por los responsables de Hacienda, consiste en utilizar para este tipo de arreglos la fórmula de concesión a una empresa privada. Un método similar al de las autopistas de pago, pero que servirá para un contrato de reparación y mantenimiento de carreteras y en el que el peaje será abonado por el Estado y no directamente por el usuario de la vía. Las concesionarias podrán recibir, además del pago dinerario, retribuciones en forma de explotación de gasolineras o centros comerciales a lo largo de la vía.

El plan de Fomento se produce en un momento en el que España está reclamando ante los reguladores contables internacionales un régimen especial para las concesiones. Una petición que no sorprende teniendo en cuenta que las empresas españolas encabezan el negocio concesionario mundial. Lo que no es de recibo es que el Gobierno del Partido Popular pretenda, con sus fórmulas mágicas de dilución del déficit, hipotecar el margen de maniobra de futuros Gobiernos en un elemento tan relevante para la cohesión del Estado como es la red nacional de carreteras.

Los Gobiernos del PSOE impulsaron la modernización de la red de carreteras construyendo autovías con cargo a los Presupuestos y las ayudas de la UE. Los tiempos han cambiado y las obligaciones del Pacto de Estabilidad en materia de déficit son, sin duda, estrictas. Pero hacer política también es poner en marcha inversiones que son irrenunciables para el desarrollo del país. Y estar dispuesto a financiarlas de manera transparente, sin artificios ni hipotecas futuras.