Comercio exterior

Las empresas españolas frustran la ofensiva del Gobierno en China

Un camino de tres mil leguas comienza con un solo paso. A este viejo proverbio taoísta se aferraba la ministra, Ana Palacio, cuando intentaba justificar en el Congreso los resultados del Plan Asia-Pacífico. Un balance que responsables de los Ministerios de Exteriores y de Economía califican en público de 'satisfactorios' aunque, en privado, reconocen que está 'muy por debajo de las previsiones'.

Nacido a iniciativa del presidente, José María Aznar, tras su viaje a Pekín en julio de 2000 y prorrogado recientemente hasta 2004, el Plan Asia apenas ha servido para avanzar unos pocos pasos en el ambicioso recorrido que anunciaban sus objetivos programáticos. Antes al contrario, los datos del Registro de Inversiones Exteriores muestran cómo desde la entrada en vigor del plan la inversión de las empresas españolas en China desciende un 61% en media anual, con caídas interanuales del 74,6% en 2001, el 45,9% en 2002 y el 63,6% en el primer semestre de 2003. En este periodo acumulan sólo 49,74 millones de euros, cifra que apenas representa el 0,01% del total de las inversiones españolas en el exterior, y ello a pesar de que el gigante asiático ha desbancado a EE UU como primer receptor mundial de inversiones extranjeras.

Más presentables son los resultados de la exportación que ha crecido a tasas del 15,4% en 2001, 23,8% en 2002 y un 46,2% entre enero y agosto de 2003, periodo en el que inmunes a la epidemia de la neumonía asiática acumulan 736,5 millones de euros. Este aumento no ha impedido, sin embargo, el deterioro de la balanza comercial bilateral que, afectada por una subida mayor de las importaciones, es todavía altamente negativa para España, con un déficit de 3.431 millones y una tasa de cobertura del 21,4%, unas de las más bajas de todo el comercio exterior español. Y no cabe aquí hablar de ausencia de incentivos. En su afán de arrastrar a las empresas en esta ofensiva económica hacia China, el Gobierno ha acompañado el Plan Asia con un nuevo convenio de ayudas financieras por 700 millones de euros hasta 2004, una línea de capital inversión por 90 millones y un fondo, el Finaves China, gestionado por Cofides, para financiar proyectos de pequeñas y medianas empresas. Es también China el primer receptor del Fondo de Ayuda al Desarrollo (FAD) en 2003, con 15 operaciones autorizadas en Consejo de Ministros, por importe de 66,05 millones de euros; las dos últimas, por 3,07 millones el pasado viernes.

Es evidente que, a la vista de los resultados, algo falla. Porque lo que parece incuestionable es el enorme potencial del mercado chino, con más de 1.300 millones de habitantes, unos crecimientos económicos superiores al 7% en los últimos seis años y que está acometiendo un gigantesco (por el tamaño y el importe de las inversiones necesarias) proceso de modernización industrial y de infraestructuras, similar al realizado en toda América Latina en última década del siglo pasado.

30.000 millones para las infraestructuras olímpicas

Los Juegos Olímpicos de 2008, que van a generar inversiones por 30.000 millones de euros en infraestructuras sólo en la ciudad de Pekín, según un informe del Hong Kong Trade Development Council, abren también enormes posibilidades de negocio en China para las empresas españolas y una oportunidad única para reducir el desequilibrio comercial.

El sector privado aporta ya el 30% del PIB de China, donde están registradas cerca de siete millones de empresas privadas y joint ventures. Desde el inicio de la actual década, el gigante asiático recibe inversiones extranjeras por un valor superior a 60.000 millones de euros anuales.