COLUMNA

Estudiar y razonar la política monetaria

Aunque se han expresado diferentes opiniones, muchas de ellas en este periódico y recientemente, señalando que el BCE debe mejorar la comunicación de sus medidas, no me puedo resistir a aportar un grano de arena más a la discusión. Dos ideas se han resaltado: la primera, que el BCE debe aumentar la transparencia de sus decisiones, por ejemplo explicitando el sentido del voto de los miembros de su consejo. La segunda, señalada por Paul de Grauwe en estas páginas, es que el BCE debe dejar de decir a los Gobiernos lo que deben hacer. En este punto, las opiniones tanto del presidente anterior del BCE como de los informes oficiales de la entidad no respetan el principio de independencia institucional, que debe ser bidireccional. Otro articulista de este periódico ha señalado la ejemplaridad de la comunicación del Banco de Inglaterra y del Riksbank sueco. Pero no sólo estos dos bancos centrales son considerados superiores al BCE. En un libro de mayo de 2003 (How Do Central Banks Write?, de Andrea Fracasso, Hans Genberg y Charles Wyplosz) se ofrece un ranking de los informes de inflación de los bancos centrales. El BCE no está entre los 10 primeros, ni la hasta hace poco reputada Reserva Federal. El primer lugar lo ocupa el banco del Reino Unido, seguido por Nueva Zelanda, Brasil, Tailandia... y Corea del Sur (en décima posición).

También aquí se ha señalado que es importante que las decisiones tomadas tengan un componente político reducido y mayor peso intelectual. No hay nada que objetar a esta idea general, pero lo curioso es que la acumulación de materia gris en el BCE es elevada. Como señala un reciente artículo en el International Journal of Finance and Economics (The Federal Design of a Central Bank in a Monetary Union, Silvester Eijffinger, IJF&E, número 4, vol. 8, 2003), el BCE es el banco con mayor proporción de investigadores en la plantilla. Pero no está en los primeros lugares de los bancos centrales con mayor número de publicaciones por investigador económico.

Con la reciente sustitución del presidente del BCE se ha repasado la estrategia monetaria seguida, enfatizando la importancia del cumplimiento de un objetivo de inflación. Y, aunque el nuevo presidente desea aparecer como continuista, lo que ensalza a la institución por encima de las personalidades, sí es conveniente revisar la definición del objetivo de inflación. Primero habrá que pensar las alternativas practicables, especialmente considerando las diferencias entre países, que se harán más explícitas con la ampliación. Para ello se cuenta con economistas de prestigio. Y luego habrá que explicarlo bien para que la sociedad entienda que no es una merma a la firmeza de las decisiones monetarias, sino una mejora que permitirá alcanzar la estabilidad de precios. Porque, como señalaba De Grauwe, lo que crea una mala reputación es no poder responder con hechos a las promesas.