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El ego y la imagen, principales razones para invertir en fútbol

El fútbol genera pasiones en casi todos los rincones del planeta. Y también genera abultadas pérdidas. Sólo en la Liga española se calcula una deuda de al menos 1.625 millones de euros. En otras competiciones se da una situación parecida. De los 20 equipos de la afamada Premier League británica, 13 cosecharon pérdidas en el año fiscal 2001-2002. Aun así, muchos empresarios siguen cayendo en la tentación de arriesgar su dinero y su tiempo en clubes de fútbol. Ejemplos no faltan. El segundo ruso más rico, Román Abramóvich, se gastó este verano 100 millones en comprarse el Chelsea londinense. El millonario holandés John de Mol posee un 4,1% del club más rico del mundo, el Manchester United. Aunque hay que reconocer que este equipo ganó 56 millones brutos el año pasado.

Pero no hay que irse lejos. El empresario y ex político Jesús Gil es propietario de casi el 95% de las acciones del Atlético de Madrid, aunque éstas se encuentran embargadas judicialmente. Fernando Roig, presidente de Pamesa, es el principal accionista del Villareal (equipo al que ha surtido de jugadores como Palermo o Riquelme). Juan José Hidalgo, presidente de Globalia, ocupa el mismo cargo en la UD Salamanca. Recientemente, el fútbol español ha recibido la estruendosa llegada de dos personajes. El millonario rumano Dimitri Piterman no logró hacerse el año pasado con el control del Racing de Santander por la oposición de los restantes accionistas, y al final se tuvo que conformar con el Club de Balonmano Cantabria. Este año, Daniel Grinbank, un empresario argentino, tuvo más suerte. Se ha hecho con el Leganés, equipo al que ha llenado de compatriotas suyos.

La razón de estas llegadas al fútbol no siempre está clara. 'La propia estructura del deporte profesional hace imposible que se puedan generar beneficios para los clubes. De hecho, no hay ninguna sociedad anónima deportiva que reparta dividendos', afirmaron ayer fuentes cercanas a los clubes. Los expertos coinciden en que, en este caso, las inversiones se hacen con el ego más que con el olfato. 'No tiene mucho sentido financiero comprar un club de fútbol', aseguró a Bloomberg un accionista de Leeds United.

'La propia estructura del deporte profesional hace imposible que se puedan generar beneficios para los clubes', aseguran fuentes del sector

El primer motivo, por lo tanto, es el corazón. Roig asegura que su entrada en el Villareal se debe a que quiere devolver a la comunidad 'la oportunidad que le brindaron a él de ganar dinero'.

No todo es tan bonito. La segunda, la que nunca reconocerán los directivos, es la de 'lavar la cara a sus negocios'. Los expertos, además, dicen que los beneficios vienen por otro lado. 'Por ejemplo, si se poseen empresas que puedan beneficiarse de la publicidad o contratas'. Y hay un tercer motivo: el poder y el prestigio social que da la presidencia del club local. 'De pronto, se convierte en el personaje más influyente. Más que el alcalde'.

En cualquier caso, difícilmente podrán alcanzar el grado de esperpento logrado por Saadi el Gaddafi, hijo del líder libio. Quiso entrar en el calcio, la Liga de Italia, y lo hizo comprando hasta el 7,5% del Juventus. Pero él quería jugar y convenció al Perugia para que lo fichara. Se limitaba a entrenar relajadamente. Nunca jugó un partido. Pero eso no le ha impedido dar positivo en un control antidopaje.

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