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Tribuna
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Unos holgados Presupuestos

Los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2004 mantienen su compromiso con el equilibrio presupuestario y la disciplina en el control del gasto corriente, lo que contribuirá a elevar el nivel de renta y la tasa de crecimiento potencial de nuestra economía. Este compromiso constituye el principal activo de la política económica actual, ya que ha posibilitado que el Presupuesto pueda asumir de forma real su responsabilidad a través de las bajadas de impuestos y del impulso de la inversión pública.

Los PGE representan la plasmación contable del programa económico del Gobierno; sin embargo, debido a la progresiva descentralización territorial que se lleva a cabo desde 2002, los Presupuestos sólo representan el 53,5% del total del gasto de las Administraciones públicas.

El escenario macroeconómico oficial de partida, cobijado en un entorno de prudente optimismo, puede calificarse como realista y equilibrado, con unas previsiones que son, en conjunto, bastante razonables y factibles. Los PGE parten de una previsión de crecimiento del producto del 3% para 2004, alcanzable, puesto que se está produciendo una aceleración de nuestra demanda interna que puede ser apoyada, según el FMI, por una cierta recuperación de Alemania y Francia, que son nuestros principales clientes de exportación. La eficiencia económica de los PGE es patente, ya que ayudan a incrementar el potencial de crecimiento de la economía española, puesto que hacen un gran esfuerzo inversor en infraestructuras y en I+D+i

Sería muy beneficiosa una rebaja de las cotizaciones sociales, del orden de dos puntos, para reducir la brecha con la UE

El consumo de los hogares, por su parte, acelerará su ritmo de avance gracias al efecto del empleo, de los bajos tipos de interés y de la mejora en las expectativas de los consumidores. Con todo, el desequilibrio pendiente de la economía española seguirá siendo la inflación. La apreciación del euro y la congelación de los impuestos especiales jugarán a favor de la contención de los precios, pero la mayor presión de la demanda y una política monetaria excesivamente expansiva para las necesidades de nuestra economía actuarán en sentido contrario. Si no se produce ningún shock externo negativo, el precio del crudo se mantiene estable y se moderan las demandas salariales, es posible que la inflación se reconduzca por debajo del 3% al final del año.

Los ingresos crecen un punto porcentual por encima del PIB nominal, lo que provocará un aumento de la presión fiscal de una décima. Las reformas del IRPF en 1999 y 2003 han sido especialmente positivas en términos de aumento del potencial de crecimiento de nuestra economía y de incremento de la capacidad de generación de empleo. Sin embargo, aún queda camino por recorrer y los PGE para el próximo año dejan un margen amplio para acometer ciertas medidas que contribuirían a mejorar la competitividad de las empresas españolas. El tipo general del impuesto sobre sociedades, ahora situado en el 35%, puede ser rebajado en dos puntos, medida que sería especialmente oportuna por su esperada incidencia sobre la recuperación de la inversión. En esta línea, resultaría viable tanto la supresión del impuesto sobre sucesiones como el de patrimonio. Asimismo, la eliminación de los impuestos autonómicos como la ecotasa y el que afecta a las grandes superficies contribuiría a una reforma de la fiscalidad más comprometida con los ideales que defiende el contenido de la Constitución.

La experiencia de los últimos años de reducción selectiva de cotizaciones sociales para los nuevos contratos indefinidos ha evidenciado la elevada elasticidad de la demanda de trabajo respecto al coste total del mismo, por lo que parece deseable una generalización mayor de estos incentivos, a través de un menor tipo general para las contingencias comunes. Por ello sería muy beneficiosa una rebaja en las cotizaciones sociales, del orden de dos puntos, a corto plazo, que nos permitiría reducir la actual brecha que existe entre la participación de las cotizaciones sociales y empresariales en relación con el PIB en España y lo que representa en el promedio de la UE, situación que es aún más incomprensible a la vista de nuestro diferencial de paro. Abaratar los costes del factor trabajo es imprescindible para la generación de empleo, máxime en un escenario de bajos tipos de interés que sirve de incentivo para que el empresariado emplee más capital que trabajo.

Director general del Instituto de Estudios Económicos (IEE)

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