Cinco Sentidos

Adictos a la información

La adicción a las tecnologías de la información ya tiene nombre: desorden compulsivo online, OCD en sus siglas en inglés, concepto acuñado por psiquiatras estadounidenses. Y es que en este país norteamericano es cada vez más frecuente observar un espectáculo desconcertante: ejecutivos que, mientras en apariencia atienden a ponentes o conferenciantes, escriben al mismo tiempo en su ordenador portátil y hablan a la vez por su teléfono móvil. Incluso hay quienes mantienen dos conversaciones telefónicas simultáneamente, con un aparato pegado a cada oído. Y luego están los que, a estas actividades, suman la comunicación a través de mensajes móviles con otros asistentes de la sala. Las escenas parecen propias de una parodia televisiva pero, sin embargo, pertenecen a la realidad que ya ha recogido The New York Times.

Sin embargo, este síndrome todavía no se ha detectado en España; al menos con semejante virulencia. 'Efectivamente, en Estados Unidos se habla de adicción a las tecnologías de la comunicación', explica Jerónimo Saiz, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, 'porque la extensión de la psicología a la vida cotidiana constituye una pauta dominante'. Según Saiz, la psicología define la adicción según la intensidad y frecuencia de la conducta.

Para la psiquiatría, en cambio, 'la adicción a los teléfonos o páginas eróticas, por ejemplo, es el vehículo de una patología previa. Y no hemos advertido rasgos generalizados que permitan hablar de una verdadera adicción, más general, a las tecnologías de la comunicación en España'.

La ubicuidad de la tecnología ha creado la subcultura del que está siempre activo y trata de atender todo a la vez

La adicción, aclara Saiz, significa el uso abusivo o mal uso de algo, predominantemente la dependencia de las sustancias tóxicas, aunque, en la actualidad, tiende a hablarse de adicción al sexo, a las compras o a las telecomunicaciones. Según el jefe de Servicio de Psiquiatría del Ramón y Cajal, este tipo de adicciones serían mejor calificadas como rarezas.

Sea cual sea su definición, el fenómeno ya se ha mostrado en su crudeza en las grandes ciudades estadounidense y no es muy distinto de lo que se observa en las ciudades europeas. Además, esta tendencia no sólo afecta al mundo laboral.

La ubicuidad de la tecnología en la vida de los ejecutivos, gentes de negocios y consumidores en general ha creado una subcultura del siempre activo, que genera una creciente mezcla explosiva entre la productividad y el frenesí. Esta perversa combinación no sólo ha cundido en la vida laboral sino que se extiende con incontrolable ritmo a las actividades cotidianas y a las citas sociales: mientras un padre presencia el partido de fútbol que juega su hijo, por ejemplo, es frecuente asistir a las vibraciones nerviosas que, entretanto, le producen al adulto la consulta compulsiva de sus correos electrónicos, el seguimiento de las últimas noticias o la caída o subida de la Bolsa mediante los diminutos ordenadores de bolsillo (palm). Y al tiempo es capaz de jalear a su retoño o gritar un ensordecedor gol cuando marca su equipo.

Sin embargo, atender a tantas cosas a la vez no es sinónimo de mayor eficacia. Según los expertos estadounidenses que han empezado a estudiar la adicción a las tecnologías de la información, más bien se trata de todo lo contrario. Así, mientras para mucha gente del mundo empresarial el acceso ininterrumpido a la información constituye un síntoma de productividad, estos investigadores lo cuestionan y hablan de ineficiencia y, en algunos casos, de preocupante adicción.

Luces de Alerta

El exagerado número de horas que dedica a las nuevas tecnologías es una de las pistas más elocuentes de una posible adición.

La urgencia y la ansiedad que manifiesta en la mayoría de los casos por conectarse.

Se conecta en secreto y pierde el control ante la urgencia por conectarse. Estas actitudes suelen interfiere en su vida familiar, laboral y social.

Detectar el problema a veces es imposible sin acudir a un especialista.

La mitad de productivos

El desorden compulsivo online ya tiene sus expertos. Edward Hallowell, psiquiatra de Harvard lo analizada de la siguiente manera. Para este experto, el nuevo adicto a las telecomunicaciones es como un bebé que cuanto más está en brazos de sus padres más le cuesta dejarlos.

Hallowell, junto a su colega John Ratey y un número cada día mayor de expertos, se ha dedicado a estudiar los efectos de la adicción a la tecnología de la comunicación con resultados más bien deprimentes: genera, dicen, lo que califican como desorden y déficit de atención, ADD en sus siglas en inglés. El adicto se siente frustrado con los proyectos de largo plazo, vive en permanente estrés por su incontenible necesidad de información de cualquier tipo.

A diferencia de lo que opina Jerónimo Saiz, para estos expertos estadounidenses, esta adicción, aunque sea muy actual es como cualquier otra adicción. Y como tal produce peligrosos daños.

Estos psiquiatras norteamericanos llegan a la conclusión de que una persona que controla su correo electrónico mientras escribe un informe demora un 50% más de tiempo haciendo estas tareas conjuntamente que si las acometiese por separado.

Síntomas del adicto

La vulnerabilidad personal a las adicciones de cualquier tipo es muy variable y depende de la personalidad de cada uno.

Dificultad en las relaciones personales. Las tecnologías de la información constituirían, así, un medio de escape para compensar su malestar.

Los adictos suelen tener un carácter débil y están imposibilitados de expresarse como realmente son.

Con complejo de inferioridad, producto de su inseguridad y de su incapacidad para manifestarse satisfactoriamente.