Lealtad, 1

Excavar agujeros, levantar edificios

Decía John Maynard Keynes que excavar agujeros en el suelo con la expectativa de encontrar bienes valiosos -puede ser oro o botellas llenas de billetes enterradas al efecto- es una práctica que, aunque no sea productiva desde un punto de vista estricto, contribuye a dinamizar la economía; a crear empleo y, en definitiva, riqueza.

Se podrían enterrar cofres con tesoros para que cuadrillas de buscadores, movidos por la esperanza de encontrar riquezas, comprasen maquinaria y contratasen operarios, decisiones que a su vez tendrían efectos positivos sobre terceros. La fiebre del oro de California en el siglo XIX enriqueció, ya se sabe, a los ferreteros y no a los buscadores de oro.

Suena un poco a cuento de la lechera, pero es parte de la dinámica de los ciclos económicos. A toro pasado siempre parecerá que, por ejemplo, la citada fiebre del oro era eso, una manía irracional. Pero en su momento generó prosperidad. Siglo y pico después otra manía, la de Internet, desató un movimiento similar, en el que las expectativas de beneficios ilimitados procedentes de la tecnología hicieron crecer el crédito, la inversión y el empleo.

Actualmente en España se da, según algunos expertos, un proceso similar. Con la salvedad de que, en lugar de excavar en el suelo para buscar tesoros, éstos se buscan a través de la febril construcción de viviendas. El año pasado se levantaron 600.000, más o menos la mitad de las que se edificaron en los Estados Unidos. Pero los dineros aún fluyen a esta actividad, convencidos de que las inversiones siempre serán rentables. Y el dinamismo de este sector impulsa la economía nacional -junto con otros factores- a un crecimiento superior a las de su entorno.

En Estados Unidos se dan circunstancias similares, aunque en este caso -y paradójicamente teniendo en cuenta el perfil ideológico del Gobierno- es el gasto público el que está tirando de la economía. En 2001 fueron los incentivos públicos a, por ejemplo, la compra de automóviles, y este año es el gasto militar provocado por la invasión de Irak, que provocó un fuerte crecimiento en el segundo trimestre.

Así, el hecho de que el crecimiento de la economía española dependa en gran medida del sector construcción y de lo que se ha denominado burbuja inmobiliaria es algo que entra dentro de la dinámica habitual de un sistema de mercado, y puede ser un impulso bienvenido bajo ciertas circunstancias.

El problema está cuando una burbuja va demasiado lejos. Cuando los beneficios indirectos que genera este tipo de comportamiento colectivo terminan -como puede haber ocurrido con la burbuja tecnológica de finales de los años noventa- siendo inferiores a los costes provocados por su estallido.