Lealtad, 1

Primero, la venda y después, la herida

La semana está plagada de referencias empresariales. Wall Street madruga desde siempre para dar ejemplo de agilidad. Mejor conocer cuanto antes la evolución de las cuentas de las empresas que cotizan, porque sugieren compras y ventas, inversiones y desinversiones, que esperar y, en consecuencia, actuar cuando es muy tarde. No es de recibo que en la Bolsa española, como caso más cercano, las empresas comuniquen el cierre de septiembre en Navidad, cuando lo que preocupa y ocupa en ese momento es el cierre del año.

En Wall Street, la ceremonia de presentación de resultados es similar a la de entrega de los Oscar de cine. Alguien ha avisado en esta ocasión que no valen medias tintas y que hay que superar consensos y otros entretenimientos que tanto gustan a los mercados a la hora de proyectar estrategias.

Una de las grandes puestas en escena es la de sorprender a la clientela, que es lo que hizo Motorola el lunes. Inicialmente estaba previsto que lo hiciera ayer tras el cierre. ¿Qué sucedió? Los entendidos cuentan que sus directivos se asustaron por la sospecha de una rebaja en la calificación de riesgo de Moody's de Baa2 a Baa3. Esta calificación es muy baja y está un peldaño arriba de los bonos basura. Por ello, lo mejor es ponerse la venda antes de recibir la pedrada o, como ya es habitual, inflar la cotización en los días previos al varapalo. De este modo, el punto o referencia es mejor, porque se ha construido un colchón artificial con que amortiguar la caída esperada.

Cuando se preguntó el lunes en Wall Street a los directivos de Motorola el porqué de la anticipación, señalaron que era para que el inversor 'pueda tener una visión más amplia y más datos del conjunto de la empresa'. La labor ahora de los analistas es trazar la línea de recomendaciones según los multiplicadores que arroja esta compañía a los niveles actuales. El vértigo está asegurado.

Lo mismo sucede con la estrella Ebay, que marca un PER de 110 veces y una cotización en niveles de burbuja. Son las valoraciones de las empresas las que en teoría deben marcar el rumbo de la Bolsa, máxime cuando en el sector tecnológico se registran posiciones equivalentes a las de 1999.

Antes de que el mercado ponga a cada uno en su sitio, la ceremonia de entrega de resultados alimentará los movimientos especulativos a muy corto plazo. Muchas empresas se pondrán la venda antes de tener herida. Muchas empresas tratarán de hacer valer la pantomima de que sus resultados son mejores de lo esperado, cuando lo que tienen que analizar con detenimiento los inversores es la cuenta real de resultados y no la percepción previa de la misma. Eso, no obstante, se producirá más tarde. Como siempre.