Cinco Sentidos

Las plazas de Armañac

Un vendaval demográfico sacudió al centro europeo entre los siglos XI y XIV. Para alojar a la creciente población se idearon núcleos nuevos (villanuevas, villeneuves, vilanovas) de tres tipos: unos, acogidos a algún monasterio; otros, amparados por algún castillo (castelneuf, castilnovo); y otros, en fin, levantados de nueva planta, con criterio a la vez racional y comercial. Son las bastides (o construcciones; en castellano, bastida derivó hacia connotaciones militares). Estas bastides son posiblemente las plazas más hermosas de Francia. Porque en eso consiste una bastide: una plaza enorme como espacio aglutinador para ejercer allí la actividad comercial; el centro urbano deja de ser el templo y la vida empieza a regirse por criterios comerciales y laicos.

Medio millar de villas se crearon de esta guisa entre 1225 y 1375 en las regiones francesas de Gascuña y Aquitania. Quedan más o menos incólumes unas trescientas. Entre ellas, la que parece ser, hasta en el nombre, un ejemplar por antonomasia: Labastide d'Armañac. Proyectada en 1291, es un cuadro o plaza inmensa bordeada por casas burguesas y soportales, a orillas del río Douze; fuera de la plaza, apenas nada, cuatro calles, y un templo discretamente orillado. En otra iglesia a las afueras -protestante, de 1607- se instaló hace una década un centro de interpretación sobre el fenómeno de las bastides.

Casi a tiro de piedra se encuentra otra bastide ejemplar, Saint Justin. Su plaza no es tan generosa como la de Labastide (es anterior, de 1280), pero a cambio conserva el pueblo restos de muralla, tres torres octogonales y algo más de animación. Cerca de estas dos bastides pueden visitarse otras, como Vianne, Damazan, Puymirol o Grenade. Gabarret, sin ser propiamente una bastide, merece una visita por su preciosa Maison du Gabardon, del siglo XV, por sus casas de entramado y por estar hermanada con la hispana Quintanar de la Sierra: se quiere mucho por allí a los españoles, que aparecen puntuales (todavía) a finales del verano, para la vendimia.

Armañac da apellido a un puñado de pueblos y nombre al único destilado francés que compite en prestigio con el coñac

Y es que estamos en la tierra de Armañac, una comarca que da apellido a un puñado de pueblos y nombre al único destilado francés que compite en prestigio con el coñac. El armañac es el alma de este territorio, las viñas tapizan el paisaje y la gente se dedica sobre todo a ese negocio -también a los patos, el 60% del foie gras que se produce en el país proviene de la región de las Landas, de la cual forma parte la comarca de Armañac.

Los habitantes se han convertido en masa a la fe del turismo verde. El que no organiza catas de armañac o vino en su bodega-tienda, enlata patos en su granja, apaña unos establos como gîtes o chambres d'hôtes, o te endilga unas botellitas de licor, unos frascos de perfume o unos tarros de paté con la firma de la abuela. O te llevan a pescar, a cabalgar, a cazar palomas zuritas, a jugar a la petanca o al jeux de quilles (una especie de bolos). Buena gente, en el fondo.

Guía para el viajero

Cómo ir::

Desde Pau o la entrada por Somport, seguir la N 134 hasta Aire-sur-l'Adour, y continuar en dirección a Roquefort hasta cruzar la D 933 que lleva a Saint Justin. Viniendo del País Vasco, dirigirse por la N 124 a Dax y luego a Mont-de-Marsan, y desde allí por la D 933 a Saint Justin. Las carreteras son excelentes y gracias a las rotondas no hay que entrar en las poblaciones y no es fácil perderse.

Dormir y comer:

Le Domaine de Paguy (Betbezer d'Armañac, 05 58 44 81 57), a medio camino entre Labastide d'Armañac y Saint Justin, es una noble casona del siglo XVI rodeada de sus propios viñedos y perteneciente a la red Gîtes de France. Las habitaciones poseen un encanto novelesco y familiar a la vez. En la cocina la dueña de la casa prepara los propios productos de la casa (excelente foie, preparados de pato y gallinas de corral), mientras que el marido inicia a los huéspedes en los secretos del armañac en las propias bodegas del dominio; cuenta con una pequeña piscina y jardín; sólo disponen de cuatro habitaciones, entre 35 y 45 euros; la comida, entre 15 y 30 euros.

En Saint Justin, el Hotel de France, bajo los arcos de la plaza mayor medieval, es el mejor de la zona, lo mismo que el restaurante (Tel.: 05 58 44 83 61), habitación doble, 38-46 euros; comidas, entre 20-40 euros). En Roquefort, muy cerca, los hoteles Du Commerce (Tel.: 05 58 45 50 13) y Le Colombier (Tel.: 05 58 45 50 57, habitación doble, 25-35 euros) pertenecen a la red Logis de France y son muy confortables; el primero tiene además un afamado restaurante, Le Tournebroche.

Compras gastronómicas:

En Labastide hay varios cosecheros que acogen visitantes y venden directamente sus productos; la oficina de turismo facilita teléfonos y direcciones, así como las de granjas que hacen y venden conservas de pato. En Saint Justin la granja Mirambeau (carretera a Sarbazan) es una de las mejor preparadas. En Vianne trabajan el vidrio y el cristal de forma artesanal. La cerámica de Samadet es muy hermosa y se encuentra en dicho pueblo (ver Museo Municipal, Tel.: 05 58 79 11 56) o en algunas tiendas de la región.