Cinco Sentidos

Manet vuelve al Prado

Bonjour, monsieur Manet'. Miguel Zugaza, director del Museo del Prado, daba ayer la bienvenida al gran pintor francés siglo XIX. Un día antes, cuando la pinacoteca cerró sus puertas, se colgaron los dos últimos cuadros de la exposición Manet en el Prado, El pífano y El balcón, pintados poco después de la visita del artista a España, y culminaba el proyecto que Zugaza emprendió recién llegado al Prado. Ver colgadas algunas de las obras maestras de æpermil;douard Manet (1832-1883) en el edificio Villanueva es una auténtica novedad. Con esta exposición, el Prado se abre a la modernidad, 'la vanguardia del siglo XIX dialogando con la gran historia del arte', en palabras de su director. Y lo hace de forma natural. 'Hay algunos cuadros que se ven mejor aquí que en sus lugares de origen', según la impresión de José Luis Díez, subdirector general de conservación del museo.

Manet en el Prado es la mayor retrospectiva sobre el pintor que se celebra desde la organizada en París y Nueva York hace 20 años, coincidiendo con el centenario de su muerte, además de la primera exposición que se le dedica en España. Trabajar sobre Manet ha sido un auténtico reto. 'Como subir el Everest', asegura Manuela Mena, jefa de conservación del museo y comisaria de la muestra.

Colaboraciones

La exposición es la mayor retrospectiva que se organiza sobre el precursor del impresionismo en los últimos 20 años, además de la primera que se le dedica en España

Para la producción de la muestra, el museo partía con un handicap, la ausencia de obra de Manet en las colecciones españolas, con la excepción del Museo Thyssen-Bornemisza (Amazona sobre fondo azul). La colaboración más importante la han prestado el Musée d'Orsay de París y el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, que presentaron recientemente la muestra Manet-Velázquez: el gusto francés por la pintura española. Básicamente se han conseguido las obras en las que el museo estaba interesado, con las excepciones de aquellas que no se mueven, como la Olimpia, del Musée d'Orsay, o que tienen problemas de conservación o que forman parte de otras muestras coincidentes en el tiempo con la de Madrid (la próxima semana se inaugura en Chicago Manet y el mar).

La exposición que presenta el Prado entre el 14 de octubre y el 11 de enero de 2004 se centra exclusivamente en Manet. Es un retrato del precursor del impresionismo desde la particular perspectiva del museo, que el artista visitó en 1865 y que resultó de una importancia capital para el desarrollo de su arte. Manet tuvo en contra a toda la crítica oficial, y a pesar de ello siguió adelante, nunca dejó de presentar sus cuadros al Salón de París. En su plenitud creativa, cuando sus cuadros Le Déjeuner sur l'herbe (1863) y Olimpia (1865) son rechazados, Manet decide viajar de incógnito a España movido por su interés por la pintura y los temas españoles, pero también por su conocimiento de los maestros antiguos como Tiziano y Rubens. Es entonces cuando se encuentra con el Prado. æpermil;l, que había entrado en contacto con las obras maestras de Rubens en Holanda y Tiziano en Italia, afirma que al lado de Velázquez, Tiziano le parece de palo.

Manet en el Prado refleja la impronta que la escuela española dejó en el pintor francés, sus relaciones con Velázquez, a quien definió como 'el pintor de pintores', y Goya, cuya obra El 3 de mayo de 1808 en Madrid: los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío está presente en La ejecución de Maximiliano, de la que realizó dos versiones, una en la Glyptotek Carlsberg de Copenhague y la otra en el Museo de Bellas Artes de Boston.

La exposición muestra 110 obras en total (58 cuadros, 30 grabados y 22 dibujos), entre ellas algunas de las pinturas más importantes de Manet, como Un bar en el Folies-Bergère, cuadro que rara vez sale del Courtauld Institute of Art de Londres.

En la muestra se incluyen todos los géneros de su obra, el retrato, los bodegones, la pintura de historia y la religiosa y hace un amplio recorrido desde sus inicios, cuando se centra en temas españoles en la búsqueda de una forma moderna de pintar (El cantante español, 1860, y Mlle.Victorine Meurent en traje de espada, 1862), pasando por su viaje al Prado, que marcará profundamente su periodo español (El balcón, 1868-1869), hasta llegar a la culminación de su arte.

Como preámbulo a la muestra, patrocinada por la Fundación Winterthur, la galería central acoge cuatro obras del pintor, especialmente representativas de la influencia de tres pintores españoles (Ribera, Velázquez y Goya). El resto de los lienzos se reparte en 12 salas de la primera planta. Siglo y medio después, Manet vuelve a dialogar con los clásicos.

Viaje relámpago a Madrid

Manet pasó siete días en Madrid. Fue un viaje relámpago, en el que a Manet le dio tiempo de verlo todo, según escribía el artista cuatro días después de su regreso a Francia. En Madrid, se alojó en el Gran Hotel de París de la Puerta del Sol, un establecimiento de primera clase en el que se alojaban los ilustres de la época, como Amadeo de Saboya. En el hotel encontró por casualidad a Théodore Duret, político y comerciante de coñac, del que se haría íntimo. El pintor obsequió su amistad con un retrato que puede contemplarse en la exposición del Prado. Manet tuvo suerte porque Duret conocía muy bien Madrid, de modo que recorrieron la capital juntos.

El pintor pasó su primer día en Madrid en el Real Museo de Pintura y Escultura, principal objetivo de su viaje. Su presencia y la de Duret quedó recogida en el libro de visitantes del museo. Por aquel entonces, la galería de pintura albergaba unas 2.000 obras, de las que exponía alrededor de quinientas en las salas más importantes. En el museo conoce por fin a Velázquez, que tal y como confiesa en su correspondencia, le arrebata. Allí ve de 30 a 40 lienzos del pintor del siglo de oro, obras maestras que compensan el cansancio y las incomodidades del viaje. Pero también le impresionan Goya y El Greco.

Durante su estancia en España, Manet hizo una excursión a Toledo, donde vio El entierro del Conde de Orgaz y El expolio, de El Greco, así como El prendimiento, de Goya. Además, bien a la ida o a la vuelta, puede que visitara Burgos y Valladolid.

Pero Manet no sólo se siente fascinado por Velázquez y el arte durante su breve estancia en España. Junto con su nuevo amigo Théodore Duret disfrutará de una corrida de domingo en la Plaza de Toros de Madrid. Aprecia el espectáculo y el drama que encierra y así lo reflejará posteriormente en su pintura.