Las cuentas públicas de 2004

Continuidad en política económica para enlazar con la próxima legislatura

La lluvia impidió ayer al ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y a su equipo económico hacerse la foto de rigor delante de los leones de las Cortes, poco antes de presentar los últimos Presupuestos Generales del Estado de la era Aznar, los referentes al año 2004. La presidenta del Congreso, Luisa Fernández Rudi, que recibió del ministro los más de 50 kilos de documentación, impidió también a Montoro utilizar una sala del Congreso para la tradicional rueda de prensa de Presupuestos, aduciendo razones de agenda (al parecer sus señorías tenían ocupadas todas las salas).

Todo hacía prever que este año podía ser diferente, al menos por las anécdotas acumuladas. Pero no fue así. El titular de Hacienda presentó unos Presupuestos casi calcados a los del ejercicio anterior. Ya lo había avisado el pasado viernes cuando el proyecto de ley fue aprobado en Consejo de Ministros.

Al igual que para 2003, los Presupuestos del Estado de 2004 están basados en una apuesta por el equilibrio fiscal (será el cuarto año consecutivo en conseguirse déficit cero) y con las mismas prioridades. æpermil;stas volverán a ser la inversión, la justicia y los gastos sociales, con crecimientos del 10,5%, 7,5% y 6,8%, respectivamente.

El Gobierno prevé que el PIB crezca el 3% y se creen 300.000 empleos

El déficit del Estado previsto (0,4% del PIB) será compensado otra vez con un superávit de la Seguridad Social de igual cuantía, a lo que se sumará el equilibrio de las Administraciones territoriales. Montoro insistió ayer en que se trata de unos Presupuestos para la recuperación económica, 'para una nueva etapa de crecimiento', y a la misma vez, continuistas, de enlace con la próxima legislatura. 'No restarán ni un milímetro de margen para el próximo Gobierno surgido de las urnas', comentó.

Montoro cuenta con que el crecimiento económico se acelere en 2004, fruto de la mejora de la demanda interna. De estar forma, el PIB aumentará un 3% (5,9% en términos nominales), creándose 300.000 nuevos empleos. Ello permitirá, según sus cuentas, seguir avanzando en la convergencia real con la UE, con un PIB per cápita que superará por primera vez el 85% de la media comunitaria. Los gastos del Estado están topados (así lo estipula la Ley de Estabilidad) con un límite de 117.260 millones de euros. Los no financieros aumentarán un 3,9% en términos homogéneos. Los ingresos no financieros del Estado crecerán algo menos, un 1,9%. No hay grandes rebajas de impuestos a la vista. Sólo la consolidación de la reforma del IRPF, iniciada en enero de este año, a lo que se suma la congelación de los tributos especiales y la desaparición de algunos, como el de sucesiones, aunque en este último punto son las comunidades autónomas las que tienen la competencia. En una palabra, continuidad en política económica para intentar capear la adversa coyuntura internacional.

Bajo la sombra alargada de la inflación

Uno de los aspectos más espinosos a la hora de elaborar los Presupuestos Generales del Estado ha sido la previsión de inflación. En una economía como la española, tan altamente indiciada al IPC, el comportamiento de los precios incide directamente sobre las políticas sociales, a través del gasto del Estado para compensar a pensionistas y funcionarios.

A su vez, la evolución del IPC repercute en las cláusulas de revisión salarial que operan en el sector privado.

Aunque el titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, no quiso hablar ayer de la previsión de IPC (el Ejecutivo asume el 2%, que es la realizada por el BCE para la zona euro), el ministro es consciente de la dificultada de mantener controlados los precios. De hecho, los Presupuestos se han elaborado con un deflactor del PIB (índice similar al IPC) del 2,9%, casi un punto por encima del objetivo de precios del BCE.

Por eso, ayer Montoro lanzó un nuevo mensaje a sindicatos y patronal en favor de la moderación salarial y de los márgenes de beneficios. En un entorno de aceleración económica, el control de precios es fundamental si no se quiere seguir ampliando el diferencial de inflación con la media comunitaria.

El Gobierno tampoco deflactará el próximo año la tarifa del IRPF para corregir los efectos de la inflación en el impuesto. 'A cambio, les bajamos los tributos a los contribuyentes', dijo Montoro.