Las cuentas públicas de 2004

Montoro facilita el lucimiento de Rajoy durante el próximo semestre electoral

El discurso oficial del Gobierno para vestir unos Presupuestos de transición como son los de 2004, los últimos de José María Aznar como presidente, no ha ido más allá de acentuar la sensibilidad del Ejecutivo hacia las políticas sociales, en particular el gasto en pensiones, el fomento del empleo y las becas para educación, y de responder a otras inquietudes ciudadanas que de forma periódica se reflejan en las encuestas, relacionadas con el mal funcionamiento de la justicia y el aumento de la inseguridad ciudadana.

Todas estas prioridades, sumadas a la del crecimiento del gasto en investigación, encuentran el correspondiente soporte en un incremento presupuestario que oscila entre una horquilla del 6% y el 10% en relación a este año. Nada de especial, se reconoce en el área económica del Gobierno, teniendo en cuenta que estas previsiones respetan el principio del equilibrio fiscal y neutralizan al mismo tiempo los flancos en los que más ha hecho hincapié el PSOE para atacar al Gobierno en el Parlamento.

Los números están hechos y el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, considera que gozan de una sólida credibilidad frente a la alternativa presupuestaria esbozada por el primer partido de la oposición. Fuentes gubernamentales admitían ayer que ahora corresponde al candidato del PP, Mariano Rajoy, poner los nombres y apellidos a los Presupuestos cuando en diciembre éstos superen el trámite parlamentario. Rajoy bautizará el proyecto de ley que ahora inicia su trámite durante la larga travesía electoral prevista hasta el mes de marzo y que incluye los comicios de Madrid y Cataluña, los de Andalucía, las legislativas y las europeas.

Los números los ha puesto Hacienda. Los nombres y apellidos los colocará Rajoy

El Gobierno confía en que CiU respaldará los Presupuestos en diciembre, una vez que se hayan celebrado las elecciones en Cataluña

El protagonismo en el anuncio de las principales ofertas electorales recaerá en su totalidad en el candidato, informan fuentes del PP, ayudado en el corto plazo por un presupuesto políticamente plano, de transición, cuya ejecución va a resultar difícil de supervisar precisamente por la atmósfera electoral que se avecina y el casi nulo control que sobre la misma ejercerá el Parlamento.

La ecuación sobre la que el Gobierno asienta los Presupuestos -equilibrio entre ingresos y gastos, mayor crecimiento, más empleo, bajos tipos de interés, menos impuestos y mayor inversión pública- es cómoda de desarrollar por un candidato como Rajoy que ya ha expresado su predilección por un Estado fuerte capaz de mejorar con mayores recursos los servicios básicos que presta al ciudadano.

Más gasto social

Para un alto dirigente del primer partido de la oposición, estos guiños del Gobierno son más retóricos que reales, sobre todo en lo que concierne a la preocupación por el gasto social, al que se dedica, según Hacienda, casi el 50% del Presupuesto.

En todo caso, el calendario electoral obligará en un primer momento al Ejecutivo a iniciar el trámite presupuestario sin la tradicional escolta de CiU. La necesidad de distanciarse del PP por la dura competencia electoral que los nacionalistas mantienen en Cataluña con el PSC va a llevar a CiU a abstenerse en el debate de totalidad de los Presupuestos, que se celebrará 48 horas después de las elecciones en Madrid, duelo parlamentario en el que Montoro volverá a enfrentarse a Zapatero y en el que el PP contará sólo con la compañía de Coalición Canaria. El abandono de CiU en esta cita parlamentaria estaba ya descontado por Hacienda, donde, no obstante, se confía en que los nacionalistas catalanes terminen apoyando los Presupuestos en diciembre cuando se corone su debate en el Congreso y, a la vista de los resultados de las elecciones catalanas, ya no arriesguen coste político alguno con su respaldo al PP.

Los estrategas económicos del PSOE estudiaron ayer el grado de contundencia con el que conviene responder a los Presupuestos presentados por Montoro. Zapatero está dispuesto aun a dar la batalla para ganar la medalla de la credibilidad.