La Atalaya

La cuadratura del círculo en Oriente Próximo

Alejandro Magno resolvió con un tajo de su espada el nudo gordiano. El conflicto árabe-israelí precisa de un Alejandro para salir del punto muerto. Mientras la única premisa de los israelíes sea su obsesión por la seguridad y los palestinos basen su estrategia en la retirada apriorística de Israel de los territorios ocupados, el funeral por el proceso de paz está asegurado. Con esta dinámica, el círculo nunca se cuadrará y la violencia seguirá reinando en la zona.

Por eso es irrelevante el nuevo veto estadounidense a la resolución, patrocinada por la Liga Árabe, que pretendía exigir a Israel el respeto a la integridad de Yasir Arafat. Un veto, justificado, dado que el texto no incluía una condena de Hamás, Yihad Islámica y las Brigadas de Al Aqsa, responsables de los últimos atentados de Jerusalén, en los que murieron, entre otros, cinco ciudadanos de EE UU.

Lo que se precisa son planteamientos radicales y nuevos, algo difícil con Arafat y Sharon al frente de sus pueblos. Que Arafat es un obstáculo para la paz es algo que ni siquiera los líderes árabes moderados ponen en duda, aunque se abstengan de comentarlo en público. A pesar de sus histriónicas negativas, Arafat sigue creyendo en la violencia como método para arrancar concesiones a Israel. Por su parte, Sharon utiliza el terrorismo extremista palestino como excusa para no hacer la más mínima concesión con los asentamientos, cuya congelación constituye uno de los pilares de la Hoja de Ruta. Y, para colmo, sigue adelante con la construcción de un muro -de seguridad para unos, de vergüenza para otros- que amenaza con mermar el ya reducido territorio palestino en Cisjordania. Washington ha amenazado con deducir de su ayuda la cantidad que Israel destine a esos fines.

El cuarteto formado por EE UU, la ONU, la UE y Rusia se reúne la próxima semana para intentar reanimar el agonizante proceso. Pero la triste realidad es que el esperanzador proceso que arrancó en Oslo hace 10 años está muerto y ahora hay que empezar de nuevo. Las amenazas del Gobierno israelí contra Arafat son inaceptables. Pero, los palestinos deben preguntarse si el rais les lleva a alguna parte que no sea la yerma senda de la miseria y la muerte. Una pregunta que muchos han comenzado a hacerse en Israel con Sharon. En un durísimo ataque, el ex presidente y actual diputado laborista del Parlamento israelí, Avraham Burg, escribía recientemente que 'la nación israelí está basada en un andamio de corrupción con unos cimientos de corrupción e injusticia'. Burg emplaza a Sharon a 'presentar opciones claras: racismo judío o democracia. Asentamientos o esperanza para ambos pueblos. Falsas visiones de alambradas, controles de carretera y terroristas suicidas o una frontera internacionalmente reconocida entre los dos Estados y una capital compartida en Jerusalén'. Críticas tan crudas y reales son impensables en el lado palestino. Y, quizás, ahí radique uno de los problemas.