Miradas Digitales

Cero patatero

Nada. ¡Que no hay manera de que nos dejen acabar agosto sin sobresaltos! No les basta con que la capa de ozono se parezca más al pañuelo de seda de la ministra de Exteriores que a la pelliza protectora que fue en el pasado y que los cambios climáticos se lleven por delante ancianos en Francia como si fueran mejillones en las Rías Baixas. No se contentan con que el chapapote siga arribando a las costas cantábricas. Ni con que nos tengamos que tragar patéticos espectáculos como el de la Asamblea madrileña. Apuntan alto y sin vergüenza, pero no sólo en España.

Que la última semana de agosto, habitualmente insulsa, se convierta en antesala de un otoño más que caliente debería servirnos de advertencia a los bienintencionados del mundo para no bajar la guardia. Quienes intentamos impedir en España lo que sucede en la italiana Milán (que todo cierra en agosto) albergábamos esperanzas de que, al menos, el mundo virtual comenzara a andar el camino del sentido común. Había dos anuncios que presagiaban mucho y bueno. Por un lado, el MIT -Instituto Tecnológico de Negroponte- anunciaba para septiembre el lanzamiento oficial de su proyecto OpenCourseWare. Son 500 cursos que ofrecen conocimiento de cuestiones tan trascendentes como la ingeniería nuclear o la ciencia política en el mundo actual. Y en tres años serán 1.500 cursos. Todo sea por ensanchar el conocimiento entre la humanidad.

Y tan esperanzador resultaba el anuncio hecho por la BBC de que ofrecerá acceso completo por Internet a sus archivos históricos, la que es 'la mejor biblioteca audiovisual del mundo (news.bbc.co.uk/2/hi/entertainment/3177479.stm). Con el inesperado paso adelante de la BBC se evidencia que hay quien comprende a la perfección por qué caminos discurre la (r)evolución digital. Y quien piensa como la corporación británica no necesita esperar a la evidencia para reconocer el error de no aprovechar las inmensas posibilidades que la Red ofrece para exportar una cultura que promoverá, sin duda, la simpatía personal, profesional y comercial de todos hacia el mundo anglosajón y sus empresas.

Pero la derecha más reaccionaria y conservadora británica tampoco entiende nada y actúa como la nuestra y la norteamericana. Por eso, en unas declaraciones inesperadas, los conservadores han planteado el cierre de la mayoría de los servicios digitales de la cadena, incluyendo su inestimable sitio web, con una afirmación tan lacónica como surrealista: 'La BBC no puede seguir haciendo lo que siempre ha hecho. Especialmente cuando el mundo de los medios a su alrededor está cambiando'. ¡Pero si es la única que actúa en correlación con esos cambios! Claro que no podemos esperar más de un país cuyo primer ministro acaba de inaugurar a estas alturas un correo electrónico en el sitio www.number-10.gov.uk, y con el que hasta ahora sólo nos podíamos comunicar por correo postal.

Para remate, el Tribunal Supremo de California decide que la protección de los secretos empresariales está por encima de la libertad de expresión. Lo ha hecho al fallar sobre el caso de Andrew Bunner, el programador informático de San Francisco que en 1999 colocó en Internet un código polémico: el que desvela el encriptado de protección de las películas en DVD. Cuando lo empresarial se sobrepone a derechos fundamentales del individuo entramos en terreno pantanoso, aunque no tanto como las playas del Cantábrico este año.

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