Lealtad, 1

Olvidos de hoy y recuerdos de mañana

Cuando los inversores, operadores, analistas y observadores en general desayunaban ayer bajas en los mercados se quedaron pasmados por las razones que en esos momentos se daban en diferentes medios.

La razón principal de ese deterioro inicial obedecía, según los voceros, al caos que impera en Irak y a la oleada de nuevos atentados terroristas en diferentes frentes, si bien el más dramático, por el número de víctimas, ha sido el perpetrado contra el pabellón de Naciones Unidas en el país.

Achacar el primer movimiento bajista de ayer a un atentado que sucedió la víspera, cuando los bolsistas acababan su almuerzo en Europa y amanecía en Wall Street, es algo que debe inducir a la reflexión, porque la situación ya fue asimilada un día antes y, además, cotizada con alzas en todos los indicadores.

Las abluciones de los agitadores y encantadores de serpientes no deben ser despreciadas. Hay analistas fríos, que no han perdido la templanza pese al recorrido alcista que ellos no esperaban. æpermil;stos destacan los graves olvidos en los que han incurrido las Bolsas en los últimos meses.

El crecimiento económico en Europa languidece, pese a la mejora de las expectativas de los últimos días; los balances de las empresas no son todo lo consistentes que reflejan sus cotizaciones; los bonos se convierten en una buena alternativa a las acciones tras el incremento reciente de la rentabilidad y, lo que es peor, hay como una peregrinación apresurada hacia las Bolsas en los últimos días, como si se hubiera perdido el último tren que lleva al alza.

Olvidos que, según lo aprendido a primera hora de ayer, pueden ser recordados mañana para justificar, por qué no, un descalabro más o menos profundo de los mercados después del atracón que comenzó una semana antes de la guerra de Irak. O lo que es lo mismo, siempre hay justificaciones a toro pasado.