EDITORIAL

Un verano de advertencias

Los países desarrollados sorprenden a veces con pozos de vulnerabilidad inimaginables y este verano está siendo pródigo en la aparición de esos agujeros negros. Al país más desarrollado del mundo se le funden los plomos y, aquí al lado, en Francia, está en la picota el sistema sanitario por la ineficacia ante los efectos de la canícula. En el pretendido paraíso del Estado de bienestar los ancianos se mueren de calor y el director general de Sanidad ha tenido que dimitir por su falta de previsión.

España no puede ocultar que sanidad y suministro eléctrico son dos áreas en las que tiene problemas potenciales, cuando no reales. Y resulta obligado tomar las medidas necesarias para prevenir casos como éstos.

Aunque a estas alturas se desconozcan aún las razones que lo motivaron, hay consenso general en que el inverosímil apagón que dejó sin luz a 50 millones de norteamericanos evidencia los peligros de una desregulación mal hecha. Teniendo en cuenta las advertencias que el sector eléctrico viene lanzando hace años, en España las autoridades deberían tomar nota y actuar en consecuencia.

En Estados Unidos, el responsable de Energía ha reconocido que la red está vieja, pero ha explicado que serán los ciudadanos quienes deberán asumir el coste del apagón. En España ya se paga en el recibo de la luz una prima por la garantía de potencia, la seguridad del suministro. Sin embargo, ésta falla últimamente demasiadas veces y en demasiados lugares. El apagón sufrido en Mallorca en julio por exceso de demanda no es más que el último aviso -por ahora- sobre las carencias del sistema español.